Durante demasiado tiempo, el edificio de la Escuela de Música de la Universidad Nacional de San Juan fue sinónimo de promesas incumplidas, licitaciones fallidas y expectativas postergadas. La denominada “obra maldita” parecía condenada a permanecer como un recordatorio incómodo de proyectos inconclusos. Sin embargo, la preadjudicación de la Etapa Nº2 a la empresa sanjuanina Galvarini y Asociados Construcciones SA abre una etapa diferente, más cercana a la concreción que a la incertidumbre.
La decisión de la UNSJ de financiar la finalización con ahorros propios adquiere un valor singular en el actual contexto de fuerte ajuste presupuestario nacional que afecta a las universidades públicas. Lejos de paralizarse ante las restricciones económicas, la institución optó por priorizar una obra estratégica para la formación artística y académica de la provincia, demostrando que la planificación responsable también puede convertirse en una herramienta de resistencia institucional.
El proceso licitatorio concluyó con la participación de cinco firmas locales y una oferta ganadora que superó las expectativas al ubicarse por debajo del presupuesto oficial cercano a los 1.864 millones de pesos. Este resultado no sólo implica eficiencia administrativa, sino también la ratificación de la confianza en el sector privado local para ejecutar proyectos de gran envergadura, fortaleciendo el entramado productivo sanjuanino.
El futuro edificio promete condiciones técnicas acordes a las exigencias contemporáneas: aislación acústica de alto nivel, pisos flotantes de madera maciza y sistemas integrales contra incendios. No se trata de levantar paredes, sino de crear un espacio que dignifique el trabajo de estudiantes, docentes y artistas, elevando la calidad de la enseñanza musical en la región.
Resulta imprescindible que la comunidad universitaria y la sociedad sanjuanina mantengan una mirada atenta sobre el avance de los trabajos. Las experiencias pasadas obligan a exigir transparencia, cumplimiento de plazos y una comunicación institucional que evite nuevas frustraciones. La recuperación de la confianza pública será tan importante como la finalización física del edificio, porque sólo con credibilidad sostenida las obras públicas dejan de ser promesas para convertirse en patrimonio compartido.
Si los plazos previstos se cumplen y el contrato se firma en marzo, el horizonte de inauguración para el primer semestre de 2027 dejará atrás años de dudas. Más que el cierre de una obra, será el símbolo de la persistencia institucional y del valor de la educación pública cuando decide apostar por el futuro aun en escenarios adversos. Será además una oportunidad para revalorizar el papel transformador de la cultura y el arte como motores de desarrollo social, educativo y económico en San Juan.
