Hablar de valores humanos es centrarnos en aquellos referentes que nos demarcan el camino del buen obrar. Hablamos de valores porque las personas somos seres éticos, morales, es decir, la comisión de nuestros actos o son buenos o son malos. Nos existe la moralidad neutra de los actos humanos. Vivimos desplegando acciones que tienen calificaciones morales.

La palabra valor procede del latín “valere” que significa “ser fuerte” y de dónde tenemos nuestro verbo valer. La idea de valor sugiere algo que da solidez en la base de nuestras acciones, algo fuerte y que tiene vigor. Los latinos decían una interesante frase: “si te encuentras bien, mejor, me encuentro bien. Cuida de tu salud diligentemente”. Esta expresión muestra como el concepto de valor estaba conectado con la salud y el bienestar. Podríamos decir que las personas que obran con valores son sanas y generan salud y bienestar.

Los valores hacen a las personas virtuosas. Nos preguntamos: ¿qué diferencia hay entre valores y virtudes? Ambos términos están estrechamente relacionados aunque no son lo mismo. Dijimos que los valores son los principios que guían nuestro obrar, las virtudes son la acciones concretas que van demostrando y develando los valores, son como las pasos que vamos llevando a cabo para llegar al fin del camino. Podríamos afirmar en breves palabras que las virtudes son los valores en acción. Lo ilustramos con un ejemplo: un valor es la honestidad, la virtud es: decir siempre la verdad aunque nos comprometa y sea difícil. Otro valor por ejemplo es la paz: las virtudes que desarrollan este valor es la tolerancia, la empatía, la compasión, la humidad.

Las virtudes practicadas van desarrollando a la persona en los valores, y hace de la persona, una persona buena y de buen obrar.

¿Dónde se aprenden los valores?
Se aprenden en diversos entornos a lo largo de nuestra vida. No existe un solo lugar donde se adquieran por completo. Se trata de un proceso gradual y en interacción con diferentes agentes socializadores.

El primer lugar lo tiene la familia: el hogar es la base donde se adquieren los valores fundamentales. La enseñanza de los padres de familia y la vinculación diaria entre los miembros que la componen son fundamentales. Porque ahí se construyen las personas. Los referentes familiares son los protagonistas esenciales para una educación en valores. En una familia el respeto es fundamental, si no está presente, por ejemplo, este valor, el sistema familiar se vuelve un caos y se desarma los cimientos educativos de los buenos valores.

Si decimos que hay que respetar a los adultos y mayores es por algo. No es un capricho porque sí. Si este valor no se vive en el hogar la persona sin esta cualidad importante sale a la calle a vincularse y el resultado será llevarse todo por delante. Si total, todo es lo mismo.

Perder en el núcleo familiar la sensibilidad de los valores es sin querer formar en los antivalores. Porque los más grandes sentimos la importante responsabilidad de dar lo mejor a los más chicos para construirlos como buenas personas.

Los seres humanos no nos formamos al azar. Necesitamos ser guiados por aquellos que caminaron la vida antes que nosotros. Formar en ausencia de valores en definitiva es no formar, porque lleva al individuo y a la sociedad en general a consecuencia significativa en decisiones y acciones que suelen ser dañinas. Juan Pablo II explicaba que formar en los valores es darle a la persona su total dignidad, porque la misma persona es en sí misma es el primer valor que hay que ayudar a desarrollar.