En la época en que vivimos cada vez es más complicado para el hombre ser un padre presente en la vida de sus hijos, por el mismo ritmo que implican las actividades diarias y por el rol que siempre le ha tocado cumplir a pesar de que los tiempos hayan cambiado.

De todas maneras hay una tendencia cada vez más acentuada, especialmente en los matrimonios o parejas más jóvenes, a que los hombres se hagan un tiempo y un lugar para colaborar con la crianza de sus hijos, otorgándoles “tiempo de calidad” por sobre “tiempo de permanencia”, al que las madres han comenzado a acceder de una manera más espontánea, a como lo hacían hace algunas décadas atrás cuando los roles entre el hombre y la mujer en la estructura familiar estaban muchos más definidos.

El gran problema que persiste en la actualidad es el del nivel de importancia que se le sigue otorgando al rol del padre dentro de la familia, ya que a pesar de ser la figura que ostenta la autoridad, es la madre la que sigue teniendo cierto predominio del hogar y la que tal vez, sin proponérselo, termina estableciendo el grado de importancia que tiene el padre para la familia.

La psicología aclara que tanto la madre como el padre tienen un rol diferente dentro de la familia y la educación de los niños, aunque ambos tienen la misma importancia. Se debe entender que los hijos son el 50% de la madre y 50% del padre. Es decir que ese hijo está formado directamente de ellos, por lo que es la suma de ellos. De ahí la importancia del rol que cumple la madre y el padre en la crianza de los hijos, tratando de que no prevalezca ninguno de ellos.

A lo largo de la historia, por más que siempre se le atribuyó al padre el autoritarismo dentro de la familia, su figura ha sido denigrada sistemáticamente, precisamente por los largos períodos de ausencia del hogar, muy difíciles de subsanar.

El hecho de que ahora tanto el hombre como la mujer tengan que salir a trabajar, está colocando esta situación en un plano de mayor igualdad y es ahí en la que los padres han recuperado terreno en el tiempo que necesariamente le deben dedicar a sus hijos al quedar, en muchas oportunidades, largos períodos a solas con ellos. Por más que el matrimonio esté funcionando correctamente o se haya producido una separación, los hombres se sienten ahora como una pieza más importante en el cuidado de los hijos y asumiendo la figura del padre presente, que en el futuro tendrán muy en cuenta.

Salvo las lógicas excepciones que necesariamente existen, en San Juan sigue habiendo un predominio de la familia tradicional, con una leve modificación en cuanto a que ambos padres deben salir a trabajar y coordinar la atención de los hijos, intentando que no queden mucho tiempo solos, a cargo de personal contratadas para su cuidado.

La figura del padre presente, que afortunadamente se ha fortalecido a pesar de la situación social en que viven muchas familias, es una de las manifestaciones más rescatables por todo lo que implica para el crecimiento, desarrollo y maduración de todos aquellos niños que han tenido la suerte de contar con el apoyo incondicional de su padre.