Como si se tratara de una paradoja, tuvo que ser una serie de una de las plataformas más populares de streaming la que advirtió a millones de adultos de todo el mundo que los adolescentes actuales se están alejando comunicativamente cada vez más de sus padres, exponiéndose a numerosos peligros, y utilizando un código propio para comunicarse a través de los emoji o emoticones, recursos digitales de gran uso en las redes sociales o en mensajes enviados por vía informática.
Más allá de la historia que narra la miniserie de Netflix “Adolescencia”, sobre un adolescente de 13 años que comete un crimen contra su compañera de clase, lo más sustancioso está en el hecho de que los padres descubren que sus propios hijos pueden estar llevando una vida que ellos desconocen y un sometimiento psicológico que nunca alcanzaron a percatarse. La costumbre de los chicos de quedarse encerrados en sus habitaciones, donde cuentan con todos los recursos tecnológicos para comunicarse virtualmente con sus pares o desconocidos, transmite a los padres una falsa sensación de seguridad que no es tal ya que lo mismo los hijos están expuestos a manejos sicológicos que modifican sus conductas y que los pueden llevar a cometer las más insólitos hechos, en muchos casos que van contra su integridad como personas.
La clave de que esto suceda está, evidentemente, en que los padres no manejan los mismos códigos comunicacionales de sus hijos y no conocen, por una cuestión generacional, una serie de recursos que los chicos utilizan para comunicarse entre ellos ya sea amigablemente o para agredirse mediante las formas tecnológicas de bullying o grooming, en sus distintas modalidades.
El poder de influencia de las redes sociales, la vida moderna con padres ausentes por trabajar todo el día o por destinar momentos libres a su realización personal, y la falta de generar momentos de obligados diálogos entre padres e hijos en la etapa de la adolescencia, que es una de las más críticas dentro de la evolución de los jóvenes, son los principales factores que en la actualidad llevan a esta marcada incomunicación que puede terminar con conductas sorpresivas o hechos lamentables que marcan a los adolescentes para toda su vida.
Es tan grande el fenómeno de la realidad virtual y del poder de las redes sociales que pocos padres alcanzan a darse cuenta que están conviviendo con hijos que en muchas ocasiones no son lo que ellos creen. Al no poder interpretar su manera de comunicarse con sus pares o con quienes tienen contacto a través de internet, solo conocen un aspecto de los chicos. El otro queda librado a un mundo, por lo general, hostil en el que los adolescentes deben aprender a sobrevivir para no caer en la desconsideración, la falta de reconocimiento o el bullying que termina disminuyendo su estima y haciendolos sentir como los peores seres de este mundo.
