Durante el presente mes de febrero, las campañas de colecta de sangre que se desarrollan en distintos puntos del territorio provincial constituyen una iniciativa sanitaria imprescindible y, al mismo tiempo, un llamado profundo a la solidaridad social. Impulsadas por el Ministerio de Salud a través del Instituto Provincial de Hemoterapia (IPHEM), estas jornadas tienen como objetivo sostener en niveles óptimos el banco de sangre y asegurar la disponibilidad de hemoderivados ante emergencias, intervenciones quirúrgicas y tratamientos médicos que requieren transfusiones constantes.
El cronograma elaborado contempla, además de los lugares habituales donde se recibe sangre, localidades de toda la provincia, acercando la posibilidad a una mayor cantidad de gente de donar en diferentes comunidades. La campaña correspondiente al mes de febrero comenzó el pasado 7 del corriente en Capital, en la Iglesia Universal del Reino de Dios, y continuó en el Hospital San Roque de Jáchal y en el Hospital Dr. Tomás Perón de Rodeo, en el departamento Iglesia. A medida que se agreguen otros lugares se los dará a conocer con debida antelación para que la gente concurra. Esta planificación territorial demuestra la intención de descentralizar la donación y facilitar el acceso de la población a una práctica segura y fundamental para salvar vidas.
Donar sangre es un acto voluntario que depende exclusivamente de la participación de personas sanas y comprometidas. A diferencia de otros recursos médicos, la sangre no puede fabricarse artificialmente, lo que convierte a cada donante en un eslabón esencial del sistema de salud. Una sola donación puede beneficiar hasta a tres pacientes mediante la separación en glóbulos rojos, plasma y plaquetas, ampliando el impacto de un gesto que demanda apenas unos minutos.
Las autoridades sanitarias remarcan la importancia de la donación habitual y desinteresada para mantener el abastecimiento regular en hospitales. Mujeres con complicaciones obstétricas, niños con anemia grave, pacientes oncológicos, personas con traumatismos severos y quienes requieren cirugías complejas dependen de la disponibilidad inmediata de sangre segura. Asimismo, pacientes con enfermedades crónicas que precisan transfusiones periódicas o tratamientos específicos también encuentran en estas campañas una esperanza concreta.
El desafío no radica únicamente en responder a la demanda actual, sino en construir una cultura solidaria sostenida en el tiempo. La premisa de que ‘la sangre espere al paciente y no el paciente a la sangre” resume la necesidad de anticipación y compromiso comunitario. Donar no solo salva vidas: fortalece el tejido social y reafirma valores de empatía y responsabilidad colectiva.
Estas colectas representan, en definitiva, un recordatorio de que el sistema sanitario se nutre de la participación ciudadana. Un pequeño gesto individual puede traducirse en múltiples oportunidades de vida para otros. Convertir la donación en un hábito solidario es, hoy más que nunca, una causa que interpela a toda la sociedad.
