No se puede concebir que una de las ferias del libro más importantes del mundo de habla española y que figura entre las cinco ferias más grandes del mundo junto a la de Frankfurt, Guadalajara, París y la Book Expo América de EEUU, tenga que afrontar siempre inconvenientes de intolerancia ideológica, en un ámbito en el que el pluralismo debería ser el principal convocante.

En esta nueva edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires que desde 1975 organiza cada año la Fundación El Libro, entidad civil sin fines de lucro creada por la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) nuevamente el secretario de Cultura de la Nación, Leonardo Cifelli, fue abucheado por un auditorio integrado, evidentemente, por opositores políticos a la actual gestión de gobierno, particularmente grupos del kirchnerismo, de la Cámpora y de la izquierda en franca oposición a la política de recortes y despolitización encarada por el funcionario. El año pasado Cifelli pasó por una situación similar, por lo que en esta ocasión intentó transmitir el mensaje de que la administración del presidente Javier Milei propone ‘una cultura libre y sin una orientación ideológica”.

Más allá del antagonismo político que pueda existir, hay que reconocer que esta feria internacional no debería ser ámbito para expresar tan burdamente, con silbidos, gritos y abucheos, la oposición a una línea política de gobierno que está en ejecución en busca de obtener un resultado en un lapso determinado. Si no se está de acuerdo con lo que se está haciendo hay otras formas de expresar la disconformidad, ignorando al interlocutor o no aplaudiendo el discurso que está pronunciando, pero de ninguna manera pronunciando improperios, insultando o tratando de interrumpir la alocución, como ocurrió en este caso con el secretario Cifelli.

Los más memoriosos recuerdan otros antecedentes similares en ediciones anteriores, como cuando visitó la Feria del Libro en su edición 2011, el Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, recientemente fallecido. En esa ocasión grupos antagónicos no dejaron que el escritor ofreciera una charla por no estar acuerdo con sus ideas. Entonces lo más práctico que se les ocurrió fue impedir que Vargas Llosa se dirigiera al público, como si con eso acallaran su pensamiento.

Lo que ha ocurrido nuevamente con el Secretario de Cultura muestra el grado de intolerancia que persiste en distintos sectores de la sociedad argentina, un fenómeno que dificulta la convivencia y el desarrollo de un proyecto de país que necesita superar algunas viejas prácticas de tendencias totalitarias.

Por más que Cifelli haya dicho que ‘la política partidaria no debe intervenir en la cultura”, es un hecho de que en la Feria del Libro se siguen manifestando algunas viejas costumbres que hay que desecharlas para que esta iniciativa siga creciendo para orgullo de los argentinos.