Las intensas lluvias que azotaron a la provincia durante el fin de semana pasado no solo provocaron anegamientos y complicaciones momentáneas. También dejaron al descubierto un problema que se repite con preocupante regularidad: el deterioro acelerado de rutas, caminos y calles urbanas ante cada episodio de lluvias fuertes. San Juan estuvo, una vez más, al borde del aislamiento, con vías estratégicas cortadas y daños materiales de consideración que afectaron tanto la conectividad como la vida cotidiana de miles de sanjuaninos.

En materia de rutas, el panorama fue alarmante. Los cortes en la Ruta Nacional 150, que une San Juan con La Rioja, y en la Ruta 141, conocida como el camino hacia la Difunta Correa, dejaron incomunicada a la provincia con el centro y el norte del país. A ello se sumaron los inconvenientes registrados en la Ruta 40 Sur, camino a Mendoza, donde los badenes dañados y desbordados dificultaron seriamente el tránsito vehicular. Estas vías son corredores fundamentales para el transporte, el turismo y la producción, por lo que su interrupción genera consecuencias económicas y logísticas que van mucho más allá de la molestia circunstancial.

La reparación de estas rutas demandará esfuerzos significativos, tanto en recursos como en tiempo. No se trata solo de habilitar el tránsito de manera provisoria, sino de ejecutar obras que garanticen seguridad y durabilidad. Sin embargo, la experiencia indica que muchas veces las soluciones adoptadas son temporales y vuelven a fallar ante la siguiente tormenta.

En las zonas urbanas del Gran San Juan y en departamentos alejados, el saldo también fue lamentable. El agua provocó la aparición de numerosas grietas y baches en calles muy transitadas, complicando la circulación y afectando la integridad de los automotores. La intervención de Vialidad Provincial o de los municipios será inevitable, según la jurisdicción, aunque la falta de recursos que atraviesan muchas comunas hace prever demoras en los trabajos. Mientras tanto, son los automovilistas y vecinos quienes deben soportar las consecuencias.

Parte importante del origen de estos problemas radica en la calidad de los materiales utilizados. El bacheo con emulsiones asfálticas de baja durabilidad, reparaciones mal ejecutadas y una pintura vial que se deteriora rápidamente ante la caída de agua evidencian la ausencia de criterios de calidad sostenidos en el tiempo. Cada lluvia intensa termina dejando al descubierto esas deficiencias.

Si la inestabilidad climática continúa, con precipitaciones intensas como no se registraban desde hace más de 30 años, los organismos viales y municipios deberán ser más exigentes. Controlar la calidad de los materiales, fiscalizar la correcta ejecución de las obras y conformar cuadrillas de inspección permanentes aparece como una necesidad impostergable. De lo contrario, cada tormenta seguirá repitiendo la misma escena: calles rotas, rutas cortadas y una provincia que avanza con dificultad por caminos cada vez más frágiles.