Siempre se ha dicho que la violencia engendra violencia y esto es una verdad tan absoluta que nos lleva a ver de qué manera se puede evitar este comportamiento para que la sociedad viva en un clima de paz y armonía, uno de los factores esenciales para el desarrollo de los pueblos.

No se puede vivir permanentemente ejerciendo la fuerza para imponer ideas y pensamientos, ni confrontando para doblegar a voluntad la conducta y las acciones a favor de intereses particulares o sectoriales, cualquiera sea el escenario de estas disputas que dan origen a actitudes irracionales, apartadas de la ética y casi siempre destructivas.

Los casos de violencia que hemos observado en estos últimos tiempos nos deben llevar a reflexionar, si éste es el estilo de vida que queremos para nosotros y nuestros descendientes o si tenemos que reconsiderar nuestro comportamiento en busca de consolidar una sociedad que no busque auto agredirse y que encuentre en la solidaridad y respeto de todos la paz social que necesitamos.

Preocupa que la agresividad esté presente en distintas manifestaciones populares que deberían desarrollarse de una manera civilizada, buscando que los distintos puntos de vista o preferencias sectoriales puedan manifestarse sin tener que llegar a los empujones, golpes de puño, arrojar piedras y, lo que es más grave aún, el uso de armas. El problema que se observa es que la violencia se está instalando gradualmente en todos los ámbitos, sin distinción de que se trate de reclamos gremiales y sociales que por lo general afectan sesiones legislativas y otros ámbitos de discusión de ideas.

Las manifestaciones violentas siempre van en contra del derecho, afectando eventos deportivos, lugares de recreación, fiestas juveniles, en el ambiente escolar y hasta en el ámbito familiar, donde tenemos los flagelos de la violencia de género y de los abusos, que también son formas de agresividad.

El descontento de los jubilados y de otros tantos sectores sociales, ante la política económica implementada por el Gobierno nacional, puede estar fundamentado en razones valederas, pero salir a las calles, como ha ocurrido en los últimos días, a enfrentar a la policía y a otras fuerzas de seguridad, en un intento por torcer decisiones que han sido tomadas por los representantes del pueblo en el gobierno, es una manera vehemente de desafiar el orden público e institucional y tratar de conseguir con violencia un cambio de actitud que difícilmente se dé por esa vía.

Los ámbitos en los que se han estado dando estas manifestaciones de violencia son diversos y van desde las manifestaciones gremiales y de los movimientos sociales en las inmediaciones del Congreso de la Nación, hasta en lo deportivo, donde la gente aprovecha para exteriorizar indebidamente sentimientos reprimidos, provocando daños materiales y personales. En el fútbol local, en lo que va del año se han sucedido una serie de actos de violencia en distintos eventos. El ciclismo también ha sido ámbito de violencia hace unos días con una gresca que protagonizó un grupo de ciclistas, en una competencia que se estaba disputando en Rivadavia.

Así la violencia va ganando terreno, poniéndose de manifiesto también en la vida diaria. Se trata de un mal que hay que erradicar porque la violencia genera desencuentros y hay que decidir definitivamente si queremos un país que sea ordenado, responsable, armonioso y solidario, haciendo comprender que con la agresividad, los malos tratos y la falta de cordura no podremos pretender crecer en todos los aspectos.