La actual temporada estival dejó un dato que invita a la reflexión: la significativa disminución de vehículos y personas que eligieron cruzar a Chile por el Paso Internacional de Agua Negra. Con apenas unas 52 mil personas registradas hasta el viernes pasado, el flujo turístico cayó cerca de un 30% respecto del mismo período del año anterior, confirmando una tendencia que preocupa tanto a operadores turísticos como a autoridades provinciales.
Las razones de este descenso son múltiples y evidencian un cambio de contexto. Por un lado, el tipo de cambio dejó de resultar conveniente para los argentinos que históricamente encontraban en las ciudades chilenas una oportunidad para comprar bienes a precios más accesibles. Sin ese incentivo económico, el atractivo de las playas del Pacífico perdió parte de su magnetismo frente a otras opciones vacacionales dentro del país.
A ello se sumaron los episodios de inseguridad registrados en localidades chilenas muy elegidas por los sanjuaninos, como La Serena, Coquimbo, Viña del Mar, Reñaca y Santiago. Aunque el Gobierno del país vecino implementó operativos y reforzó la presencia policial, la percepción de riesgo persistió y terminó influyendo en la decisión de muchas familias que optaron por destinos considerados más seguros.
Lo llamativo es que ni siquiera el trabajo conjunto entre Argentina y Chile para mejorar la transitabilidad del paso, junto con la agilización de los trámites aduaneros, el refuerzo de seguridad vial y la implementación de protocolos de emergencia, logró revertir esa reticencia. Desde el Gobierno provincial destacaron, sin embargo, que el balance operativo es positivo: el paso permaneció habilitado casi toda la temporada, con apenas dos cierres parciales por cuestiones climáticas.
Quedan aún semanas importantes, con feriados como Carnaval y Semana Santa que podrían mejorar los números finales. Sin embargo, los datos actuales muestran una realidad que exige nuevas estrategias. La recuperación del flujo turístico no dependerá solo de mejoras logísticas o comunicacionales, sino también de generar condiciones económicas más atractivas y reforzar la percepción de seguridad en los destinos.
El desafío hacia adelante será consolidar al Paso de Agua Negra como una opción competitiva y confiable. Mejorar la infraestructura, ofrecer incentivos concretos y profundizar la cooperación binacional aparecen como claves para revertir una tendencia que, más que un dato coyuntural, parece ser un síntoma de cambios profundos en las preferencias y preocupaciones de los viajeros argentinos.
