En el inicio de la actual gestión de gobierno, cuando se anunció que no se asignarían mas fondos estatales para la realización de fiestas populares en los departamento o en otros ámbitos de la provincia, se pensó que las comunas suspenderían estos eventos ante la imposibilidad de contar con fondos, muchos de ellos aportes que la provincia hacía especialmente a través del área de Turismo o del Ministerio de Gobierno para esas celebraciones.

Lo que en principio impactó duramente, luego se fue acondicionando hasta que se le encontró la vuelta para que los festivales se siguieran realizando y que la gente pudiera concurrir a ellos. Lo primero que se dispuso fue establecer el pago estricto de las entradas, que si bien se trata de que sean a precios módicos, se pretenden que no haya excepciones, como una manera de asegurar los fondos necesarios para el respectivo festival, como lo haría cualquier empresa privada que se dedique a la organización de este tipo de eventos. Lo otro que se hizo fue solicitar la colaboración a empresas del sector privado para que colaboraran en la organización. En este sentido las primeras en acudir fueron aquellas empresas de rubros vinculados a los motivos de la fiesta que se iba a realizar.

Todo esto ha implicado un cambio conceptual y cultural que a un año de haberse establecido ha provocado un acostumbramiento a que las fiestas populares no le deben costar al gobierno, sino que deben ser autofinanciables y autosustentables, de tal manera que no sea el estado el que deba distraer fondos públicos para una celebración de estas características.

El estricto pago de las entradas, es uno de los aspectos que más han cambiado. Ahora, cuando se anuncia una fiesta departamental o de otra índoles similar, lo primero que se hace es establecer el precio de las entradas y calcular la cantidad de público que pueda concurrir a estos eventos. Hay ejemplos muy notorios de espectáculos que antes eran gratuitos y que ahora exigen el pago de una entrada o, al menos, de un bono contribución o un aporte para solventar el espectáculo. Casi la totalidad de los municipios están cobrando entrada en sus fiestas departamentales. Los tradicionales corsos de Chimbas también prevén el pago de una entrada al corsódromo de La Costanera. Los espectáculos del anfiteatro del Auditorio que antes eran de entrada libre y gratuita como también algunos espectáculos que se ofrecen en la sala han pasado a ser pagos. Esto también ha provocado que algunos espectáculos que se ofrecen como complemento en algunos comedores, parrilladas o restaurantes también se deben abonar por separado.

Un cambio radical en la concepción de las fiestas y espectáculos populares que está creando una nueva conciencia tanto en los organizadores como en el público asistente.