Más allá de los planes que cada uno tenga por realizar en esta Semana Santa, hay dos cosas primordiales que no hay que dejar de hacer. Meditar sobre el significado que tiene para los cristianos de todo el mundo lo que Jesús ha dejado como legado en su paso por la tierra y como hijo de Dios, y reflexionar sobre las distintas maneras que tenemos de contribuir con el crecimiento y desarrollo del país, confiando que después de mucho tiempo la Argentina se encamina correctamente en lo institucional, económico y financiero hacia un destino de grandeza, después de años de postergación provocada por gobiernos que no hicieron bien las cosas y convirtieron en un verdadero desastre a la nación.
La pausa que impone Semana Santa debe llevar a todos los creyentes a dedicar el tiempo necesario a la recordación de la vida y pasión de Cristo, pero también a establecer de qué forma se puede colaborar genuinamente para apoyar a la patria desde un punto de vista ético, revalorizando la cultura del trabajo y actuando correctamente en todos los órdenes de la vida.
Se deben desechar de una vez por todas, todo vestigio de corrupción, flagelo que tanto mal le ha hecho al país desde el punto de vista moral, casi en la misma medida que la inflación le hizo tan mal a la economía y a los sectores más carecientes de la sociedad.
Ha llegado el momento de dejar de lado los partidismos que no conducen a nada y que actúan de oposición sin ningún sentido, movidos solamente por la conveniencia de los sectores que se colocan en la vereda de enfrente en espera de algún rédito que les sea conveniente. También hay que desechar esas posiciones antagónicas que se asumen con el solo objeto de descalificar las acciones de gobierno que se van instrumentando con el propósito de ir solucionando los problemas que van surgiendo en distintos ámbitos de la vida nacional. Hay que tener tolerancia y dejar que las actuales autoridades puedan desarrollar sus políticas de gobierno, evitando colocar como vulgarmente se dice “palos en la rueda” y limitarse a darle tiempo a las actuales gestiones en todos los niveles para que desarrollen sus programas de gobierno sin interferencias y sin la despiadada crítica que surge a cada momento interfiriendo en el accionar e inculcando en la gente un sentimiento opositor basado en hacerle creer que otra administración mejorará de repente las cosas, cuando se sabe que no es así, y que el actual gobierno no ha completado ni siquiera la mitad de su mandato.
La Semana Santa es para reflexionar y pedir a Dios toda la protección necesaria para poder enfrentar los más difíciles momentos tanto en lo personal como en lo comunitario. No dejemos que este tiempo pase sin elevar una plegaria y pedir al Señor que ilumine nuestras mentes para poder discernir entre lo que está bien y está mal. Esto será lo que nos lleve a ser correctos e inteligentes ciudadanos, virtudes que nos están haciendo falta para acompañar al país en su progreso.
