Toda esa malaria, afirmaron las mujeres, se cortó a fines de diciembre pasado, cuando los Ochoa se metieron ilegalmente a la vivienda. “Con ellos acá estamos más tranquilos. Ha mejorado todo, ya no hay robos y está todo más limpio”, apreció Malby. Luisa añadió que “ya no se ven juntaderas ni a nadie armando porros ahí”.
Sergio recuerda que la usurpación fue días antes de Navidad, puntualmente el 21 de diciembre. Rememoró que eran las 4 de la mañana cuando la lluvia lo impulsó a sacar a su familia del auto en el que vivían, estacionado en un barrio cercano. “Dormíamos en el auto afuera de la casa de mis padres. Ahí convivíamos 7 hermanos y no entraba con mi familia, éramos muchísimos. La lluvia me llevó al límite y no me quedó otra que meterme acá”, explicó, resignado.
El changarín, ahora empleado en la cosecha pero en gran parte del año como albañil, comentó que conocía el barrio porque a menudo realizaba trabajos a las vecinas. Por eso sabía de la existencia de esa propiedad abandonada. “Lo conocíamos porque nos venía a podar las moras y a cortar el pasto. Cuando se metió acá empezamos a apoyarlo porque vimos que limpió todo y sabemos que es gente respetuosa. Es buena familia, buena gente y los chicos ni molestan”, dijo Malby.
“Me citaron a Tribunales y no me dejaron ni hablar, sólo me hicieron firmar un papel. Me dijeron que apareció el dueño pero no me dejaron explicar nada, decir nada”. Sergio Ochoa-Usurpador
Ante los elogios, Sergio bajaba la mirada. Dijo que siente vergüenza y que no quiere problemas, al punto que ese mismo día en que le llegó la notificación judicial estaba por marcharse. Fueron los vecinos quienes lo frenaron. “El fin de semana cuando vino la Policía quería irse ahí nomás, se estaba por ir de nuevo a la calle para no tener problemas. Estaba llorando”, comentó la vecina Alicia. ¿A dónde se iba a ir? “No tengo un lugar, estamos viviendo donde nos ponemos”, fue la respuesta de él.
Como el hombre no sabe qué hacer ni a dónde ir con Valeria Ruiz (29) y sus hijos de 11, 10, 8, 6 y 5 años, las vecinas sienten tristeza e impotencia. “De todos los hermanos dueños, ha quedado una sola mujer encargada de la casa, que vive en el centro. Después de que les hemos avisado quinientas veces que a la casa la habían agarrado para todo, ahora han aparecido porque él ha venido acá. Solo por el interés de él y porque ha mejorado la casa, sin duda”, reclamó Alicia. Nilda aportó que “la supuesta dueña no se molestó jamás en venir, no sé por qué aparece ahora”. “Por la zona han quedado algunos nietos. A veces uno se los encontraba en el almacén y les decía que hicieron algo pero respondían que no les importaba”, manifestó Luisa, demostrando bronca, agregando que “queremos que Sergio y su familia se queden, pero si se tienen que ir, que le den una casa porque se lo merecen, y que hagan algo con esta para que no vuelva lo de antes”.
“Lo ideal sería que la Justicia lo autorice a que se quede acá. Pero si Sergio se va, que venga la dueña con los muebles a vivir acá, a ver si se hace cargo ella”, reclamó Nilda, enfurecida. “Nosotras estamos desde el inicio del barrio, llevamos más de 50 años acá. Sabemos que está mal lo que ha hecho, pero queremos ayudarlo. Pedimos una vivienda digna para él y los chicos, y que esto no vuelva a ser lo que era”, fue la solicitud final de Alicia.
¿Qué va a pasar? Mañana sábado, cuando a las 10 de la mañana se cumpla el tiempo, se sabrá.