Aunque aparentemente cada vez hay más casos de abuso sexual de menores, como queda demostrado en la crónica diaria de los medios de comunicación, hay una luz de esperanza de que este flagelo disminuya en el futuro próximo, al menos en esta provincia, gracias a la tendencia de denunciar estos hechos en ámbitos mejor preparados para su investigación y la aplicación de castigos ante tan aberrante conducta. En este último año se ha observado un mayor flujo de denuncias ante los organismos correspondientes, en un promedio que va más allá de un caso por día, lo que ha hecho que a través del sistema acusatorio implementado por la Justicia haya sanciones mucho más frecuentes para los abusadores.
El abuso sexual de menores es, en la opinión de los especialistas, una de las manifestaciones más crueles y difíciles de superar por parte de los niños objeto de esta práctica, a los que por lo general les quedan secuelas con las que les toca vivir el resto de sus días. Desde la psicología se ha llegado a establecer que los niños abusados habitualmente desarrollan mecanismos defensivos para bloquear recuerdos, que con ayuda terapéutica logran destrabar para evitar caer en una situación de aislamiento, sin tener en quien confiar. Tras la denuncia, la ayuda terapéutica que se debe ofrecer desde los organismos oficiales es fundamental al igual que el cuidado que deben tener los padres o mayores a cargo para detectar un presunto caso de abuso.
Desde la UFI-ANIVI (Unidad Fiscal para la Investigación del centro judicial de Abordaje Integral de Niños, Niñas y Adolescentes Víctimas de Abusos Sexuales) organismo creado hace más de un año para canalizar denuncias y condenar casos de abusos de menores, su coordinador Raúl Iglesias, pone de relieve la importancia que representa para el sistema acusatorio las denuncias oportunas como también la detección de casos en los hogares, las escuelas u otros ámbitos que frecuentan los niños.
El problema de los abusos de menores no hace distinciones de clases sociales, niveles de instrucción, ni género y se da en ámbitos muy cercanos a las víctimas, entorno familiar, vecinal o de la comunidad. A pesar de ser un flagelo muy complejo derivado del comportamiento social e inclinaciones sexuales de los agresores, la vía para que el fenómeno disminuya sigue siendo el fortalecimiento del vínculo familiar y la predisposición de toda la sociedad a denunciar estos casos. Las causas de su origen están en la pornografía -ejercida por pedófilos como los descubiertos la semana pasada en San Juan- la difusión a través de la televisión de comportamientos reñidos con la moral; la drogadicción; el alcoholismo y otras adicciones que inciden en el comportamiento de los abusadores.
