El negocio petrolero responde a parámetros globales con una dinámica fluctuante, de acuerdo a la cotización del crudo, y la persistente baja de la cotización obliga a optimizar costos para lograr eficiencia y rentabilidad. En ese contexto nuestro país mantiene una política diferente obligada por las regalías que demandan las provincias productoras y una presión sindical que hacen inviable una explotación a menos que se flexibilicen las posiciones. 

Esto ha ocurrido en Vaca Muerta para sostener el desarrollo, al alcanzar un acuerdo de partes que servirá no sólo a ese yacimiento neuquino sino como modelo para futuros emprendimientos hidrocarburíferos no convencionales. Todo pasa por ajustar costos consensuando beneficios laborales para evitar despidos, de manera de adecuar la participación de todos los sectores participantes.  

Las principales empresas de Vaca Muerta, YPF, Pan American Energy y Total, junto con los gobiernos nacional y de Neuquén y el sindicato de petróleo y gas de esa provincia, han acordado una forma atípica de encarar trabajos con beneficios para todos los involucrados cediendo posiciones a fin de ganar productividad y pleno empleo diversificando funciones. Se tuvieron en cuenta las referencias mundiales de la actividad extractiva, para lo que se modificaron algunas condiciones de trabajo. Por ejemplo en un pozo donde trabajan 15 operarios, reducirlos a 7, pero en lugar de un pozo, se triplicará la actividad, de manera que el sindicato tendrá 21 puestos de trabajo. 

También se aplicará la multifuncionalidad de los equipos a fin de que el personal realice una serie de tareas para ganar tiempos de operación, como ocurre en otras partes del mundo. En YPF, se informó, el costo de perforación de cada pozo no convencional fue de alrededor de 14 millones de dólares en 2015 y se logrará bajarlo a 10 millones para fin de año y, aún así los inversores extranjeros consideran que esa erogación debería estar en torno a los 7 millones de dólares para ser rentable. 

Son ajustes necesarios para poner en marcha esta negociación multisectorial que debería servir también de modelo para otras actividades industriales, comerciales y de servicio que no prosperan por la intransigencia dirigencial y eso lleva a una paralización donde pierden todos. Y si se busca un marco mundial, las firmas también deberían sumar el incentivo por productividad.