El primero en tomar la medida de dejar sin efecto el uso del lenguaje inclusivo en su ámbito fue el Ministerio de Defensa que prohibió por decreto el uso del morfema ‘e” en reemplazo de las letras ‘a” y ‘o” en todas las comunicaciones de las Fuerzas Armadas, marcando un precedente para la eliminación en el país de esta forma de expresarse con la que mucha gente no está de acuerdo. Luego fue el propio presidente Javier Milei quien dispuso, directamente, prohibir el uso de este lenguaje en toda la Administración pública que depende del Estado nacional, como una manera de ir contra lo que se denomina perspectiva de género que también ha quedado desestimada al considerarla parte de un ‘negocio político”.
A consecuencia de lo dispuesto por el Gobierno nacional estará totalmente prohibido, en el ámbito oficial, la utilización de la letra “e”, la @ y la “X”, y se va a evitar la innecesaria inclusión del femenino en todos los documentos que circulen dentro de la Administración pública, volviendo a las formas habituales para el uso del castellano conforme a lo establecido por la Real Academia Española (RAE). Nada se ha dicho que va a suceder en el ámbito educativo, pero en atención a que la medida abarca a toda la Administración pública debería tener incidencia en todos los sectores oficiales.
El lenguaje inclusivo emergió hace unos años como una herramienta para reflejar la diversidad y la igualdad en la comunicación, generando opiniones divididas en el país. Se trata de un enfoque lingüístico popularizado en su mayoría por los jóvenes adolescentes y universitarios, cuyo objetivo principal es abarcar a todas las identidades de género y reconocer la diversidad en la sociedad.
Una de las críticas más frecuentes es la percepción de que esta modalidad lingüística obstaculiza la fluidez del lenguaje y dificulta la comunicación efectiva.
La introducción de nuevas formas gramaticales y términos puede resultar confusa y, en ocasiones, contraproducente, dificultando la comunicación para muchos sectores que no han adoptado este lenguaje por la complejidad que presenta y porque no contribuye al verdadero problema de fondo que implica el tema de la diversidad o de la perspectiva de género.
En este sentido numerosos expertos sostienen que el lenguaje inclusivo es innecesario, al argumentar que el lenguaje tradicional ya tiene la capacidad de abarcar la diversidad sin recurrir a cambios estructurales.
Otra crítica común hacia esta forma de expresarse es su impacto en la lengua y la resistencia cultural. Los opositores argumentan que modificar el lenguaje tradicional puede erosionar la riqueza y la historia de la lengua, ya que las palabras y las expresiones llevan consigo una carga cultural y lingüística que no debería ser ignorada.
Pero más allá de todas estas argumentaciones lo que verdaderamente a motivado a la administración de Javier Milei a prohibir el uso del lenguaje inclusivo es que la perspectiva de género que sostiene esta manera de expresarse ha sido utilizada como negocio de la política, algo que el gobierno está dispuesto a combatir determinadamente.
