Crisis tras crisis los argentinos, en su gran mayoría, han ido perdiendo el hábito del ahorro como medio de reunir recursos para futuras erogaciones o para hacer frente a distintas circunstancias de la vida en la que hace falta contar con fondos adicionales. La devaluación del peso sumada al proceso inflacionario que habitualmente afronta el país hizo que el ahorro pasara a ser un concepto abstracto, reservado a pocas personas que son conscientes de que si gastan todo lo que les ingresa no conseguirán nunca una mejor posición en lo que respecta a adquirir bienes o encarar emprendimientos que les puedan mejorar a ayudar su calidad y nivel de vida.
Es un hecho que el ahorro en nuestro país ha estado limitado en los últimos años a la compra de dólares y otras monedas extranjeras, pero es conveniente considerar que hay otros tipos de inversiones o formas de hacer que los recursos no terminen esfumándose, tales como depósitos bancarios a plazo fijo u otras modalidades; la compra de bienes inmuebles, automotores o, para las economías más familiares, la adquisición de alimentos no perecederos, que también constituye una forma de ahorrar para situaciones adversas futuras.
Es importante forjar el concepto de ahorro en los niños y en los jóvenes, dos franjas etarias en las que se ha ido perdiendo esta costumbre al promoverse la cultura de la inmediatez, de los efímero, y de que es más conveniente pensar sólo en el presente, sin detenerse a considerar que el futuro llega tarde o temprano y que es bueno contar con una base para hacer frente a proyectos y metas. Por años, el ahorro -cuyo día internacional se recordó el lunes último- fue promovido entre los niños en edad escolar de nuestro país a través de la recordada libreta de ahorro postal. Si el método fue exitoso o no, depende cómo se lo mire pero fue motivador para que los niños evitaran gastos superfluos y prefirieran ahorrar en estampillas que luego les permitía contar con algunos fondos de reserva. En la actualidad, más allá de algunas clases alusivas, es poco lo que se hace para fomentar este hábito que no sólo tiene que pasar por la acumulación de dinero. También puede consistir en evitar gastos superfluos y destinar ese ahorro a la solidaridad llegando con algún tipo de ayuda a los sectores más necesitados.
El concepto de ahorro bien desarrollado ayuda a consolidar el futuro de los individuos y de las familias, partiendo de un presente en el que dejando de lado algunos hábitos consumistas se pueden generar algunas reservas que son las que van a posibilitar un estado de bienestar general, sin el apremio que generan las carencias.
