La desesperante situación de los venezolanos y sirios, que huyen de sus países por el drama social del chavismo y de una década de guerra y devastación, respectivamente, ha sumado dos consecuencias similares con el éxodo de afganos que abandonan la castigada nación por el retorno al poder de los talibanes. Además, de los migrantes que han perdido todo por desastres naturales originados en el cambio climático. Se trata del movimiento humano más grande de la historia y un reto socioeconómico para los países de acogida.

La ONU espera medio millón de refugiados afganos adicionales, sin olvidar que más de 2,2 millones ya están en Irán y Pakistán como única opción para sobrevivir con los derechos humanos más fundamentales y otros 3 millones se albergan con diversos estatutos, incluidos indocumentados. Para lo que resta del año y únicamente en esa región, el organismo internacional busca asistencia financiera por 160 millones de dólares para atender ese movimiento al cesar la ocupación de EEUU.

La crisis humanitaria de Venezuela tiene un crecimiento mayor a pesar de las restricciones de movilidad impuestas por la pandemia, y la incertidumbre de ser acogidos en diferentes naciones. Antes de la emergencia sanitaria global alrededor de 5.000 venezolanos huían diariamente de su país, pero el impacto del covid-19 los obligó a retornar a sus lugares de origen, hasta septiembre de 2020, cuando el flujo de huida se aceleró por vías irregulares, como senderos y rutas marítimas peligrosas.

Las cifras y estimaciones de lo que se presenta como la crisis de desterrados más grande del continente, tiende a superar los 7 millones de personas, frente a los 6,5 millones de refugiados sirios, según los números de un reciente informe de la OEA, elaborado por el Grupo de Trabajo para la Crisis de Migrantes y Refugiados Venezolanos, según un seguimiento que realiza desde 2015.

El principal destino de los migrantes caribeños es Colombia, con más de 1,7 millones, seguido por Perú con 1,5 millones, EEUU 465.000, Chile 456.000 y Ecuador con 431.000, entre los más importantes receptores. Argentina registra 180.000 refugiados oficialmente, pero el drama no termina en los que huyen porque en Venezuela 9,3 millones de personas un tercio de la población-, sufren inseguridad alimentaria o necesitan asistencia, de acuerdo al Programa Mundial de Alimentos de la ONU.

Por otra parte están los migrantes que perdieron todo por los desastres repentinos del cambio climático, en la región centroamericana azotada por sequías que arrasaron la agricultura y otros medios de subsistencia, caso del Corredor Seco de Guatemala, Honduras y El Salvador, situación que por ahora no tiene otra solución que abandonar el lugar, a diferencia del éxodo venezolano, donde el restablecimiento de la democracia pondrá freno a la huida masiva.