Desde finales de la Segunda Guerra Mundial, el mundo asumió una estructura bipolar. No solamente en lo ideológico, sino especialmente en lo económico, político, administrativo y productivo; tanto el bloque capitalista como el comunista tenían adeptos. Aunque en el caso de este último, gran parte de los partícipes lo eran por fuerza, como en el caso de países de Europa del Este. No pocas naciones, como Argentina, tomaron elementos de ambos sistemas, fallida mixtura aglomerada más en base urgencias que en alguna coherencia creativa. Con el transcurso de los años, los países capitalistas quedaron configurados como "desarrollados", mientras que el bloque comunista implosionaba en masa. Los Estados que más radicalmente habían adoptado esta estructura, como China y Rusia, se fueron reconvirtiendo al libre mercado, alcanzando rápidamente niveles de desarrollo que jamás siquiera habían conjeturado. Se comenzó a articular un mundo ya no con dos polos conceptuales o modelos, sino uno, el capitalista, pero con varios centros de desarrollo. Tal situación era referida como "multilateralismo" o mundo "multipolar".
Sin embargo, una gran diferencia de estilos iría perfilando nuevamente todo hacia una bipolaridad entre Estados Unidos y China. En este caso, la raíz de la disyunción tendría raigambre cultural. Mientras el capitalismo occidental se rige por el criterio de oferta-demanda eventual, el chino se orientaría a "establecerse" en los puntos geográficos donde fija sus intereses. Mediante consonantes estrategias (préstamos, inversiones en infraestructura, apoyo internacional, etc.) promueven una relación extendida en el tiempo, métodos estos evidentemente estratégicos. Ante tal despliegue, Estados Unidos ha puesto en marcha una serie de alianzas que ciertamente consolidan tanto la bipolaridad como una presencia determinante en Asia. No sería propio denominar la situación como "guerra comercial", sino de complejos despliegues con el fin de abrir áreas de influencia o mercados. Hace poco, Estados Unidos ha firmado inéditos y decisivos acuerdos con India, con notable reverberancia internacional. El presidente Biden se refirió a ellos como "la asociación más fuerte, más estrecha y más dinámica que en cualquier otro momento de la historia". Considerando el peso que a cada palabra se le da en estos entornos, se debería tomar al pie de la letra. China había sido destino de ciertas inversiones occidentales, los acuerdos ahora las reorientan a India. Este país recientemente ha pasado a ser el más poblado del mundo, además de consolidarse como la quinta economía del mundo. Dichos acuerdos son también estratégicos y a largo plazo, abarcando esferas de defensa, minerales industriales críticos, semiconductores, alta tecnología, etc. Por otra parte, y muy factiblemente, tales tratados debiliten la tradicional alianza entre India y Rusia. Dos hechos están ya en marcha: una marcada bipolaridad mundial y su carácter sumamente dinámico.
