Durante años ha parecido existir en Argentina una hipersensibilidad extrema respecto al uso legal de la fuerza. Subrayemos "legal", porque toda comunidad civilizada asume que no todas las personas son susceptibles a argumentos ni a consideraciones morales. Nadie en el mundo discute que las fuerzas de seguridad son necesarias para que las sociedades puedan funcionar y no verse descaminadas hacia el caos en un instante. El propósito evidente es proteger a los ciudadanos, sus vidas y sus bienes, de quienes pretendan despojárselos. Es posible que el lastre conceptual de considerar la protección del Estado como amenaza se arrastre desde la época de la dictadura militar. Aunque dado que de ello han transcurrido décadas, es más factible que se trate de actitudes cultivadas y sobreactuadas por sectores que, en su tablero de juego, llegan a incluir caos y violencia social como piezas disponibles.

Desde que el futbolista Lionel Messi y su familia fuesen mafiosamente amenazados en Rosario, el tema de la violencia callejera fue tomando un protagonismo en tensa ebullición. Asesinatos, desmanes y síntomas de una dinámica anárquica se han manifestado. En el mismo Rosario, vecinos y allegados de un niño asesinado en una balacera narco, atacaron ferozmente un "kiosco de drogas" y también un búnker narco. Destrucción, incendios, saqueo, derrumbes y beligerancia caracterizaron el episodio. Se portaban machetes, y un dato no menor fue la presencia y participación de niños. El impacto mundial de tales imágenes probablemente se deba a no sólo exponer un desajuste social incompatible con una sociedad civilizada, sino por representar una inmersión profunda a la Argentina actual. A menudo un síntoma, un dato, puede ofrecer una pista que le dé estructura a la interpretación. Ante una policía que ofició mayormente de espectadora, los vecinos que la confrontaban expresaron estentóreamente: "Si ustedes no hacen justicia esto se va a poner peor". En parte, suena esto como una solicitud de urgente intervención, como asimismo una advertencia, o inclusive una amenaza ("se va a poner peor"). Aparentemente para estos ciudadanos, aun en su rol de justicieros por mano propia y saqueadores, el papel de las fuerzas de seguridad sería claro y perentorio. Parecería situarse en contraposición total con las doctrinas abolicionistas y garantistas a ultranza, y sus evidentes consecuencias. La primera frase de la expresión, "Si ustedes no hacen justicia…" expresa un reconocimiento de que el Estado es quien debe impartirla. No en el sentido de dar lugar a titulares periodísticos oxigenadores, sino para restaurar el tejido social con políticas permanentes.

No resultaría muy probable que algún sector de la sociedad tuviese predilección por el caos. Pese a ello, el Estado argentino siempre parece deslizarse en una indeterminación de propósitos. El rol estable que elija jugar en una estructura de coexistencia civilizada, prescribirá si estos episodios conformarán norma o excepción.