El próximo domingo, unos 12,8 millones de ecuatorianos podrán concurrir a las urnas para elegir un nuevo presidente, a 137 miembros del Parlamento y a cinco representantes en el Parlamento Andino. Además, deberán pronunciarse en una consulta popular impulsada por el Gobierno, que busca prohibir a los funcionarios políticos tener cuentas en paraísos fiscales.

Pero todas las miradas de los analistas locales e internacionales están puestas en la decisión popular de dar continuidad al modelo socialista impuesto hace una década por Rafael Correa, o dar un giro hacia el centro-derecha, como viene ocurriendo en las últimas elecciones en países latinoamericanos.

El deterioro de la economía, el aumento del desempleo y las denuncias de corrupción que involucran a funcionarios del Gobierno han opacado las expectativas del candidato oficialista Lenín Moreno, que si bien es favorito según las últimas encuestas, podría enfrentar un balotaje con el banquero Guillermo Lasso o con la diputada opositora Cynthia Viteri, que miden con escasas diferencias.

Por eso se espera una segunda vuelta, el 2 de abril, ya que los pronósticos ven improbable que algún candidato obtenga la mayoría absoluta de los votos o, al menos, el 40% con una ventaja de 10 puntos porcentuales sobre el más cercano contendiente.

A menos de 48 horas de los comicios, los observadores extranjeros advierten que Lasso, exgerente del Banco de Guayaquil, ha logrado captar la atención de los ecuatorianos descontentos con las políticas populistas actuales, prometiendo dejar atrás el modelo socialista para dar paso a uno liberal que apunta a más empleo, al menor gasto público y a una mayor inversión extranjera.

Por su parte Viteri está convencida de que Ecuador debe mantener diálogo directo con la Donald Trump, ya que EEUU es el principal socio comercial de su país y residencia de 2,5 millones de ecuatorianos. Y también eliminaría el costoso asilo político que Correa concedió al fundador de WikiLeaks, Julian Assange, quien permanece en la embajada en Londres desde junio de 2012, mientras millones de familias ecuatorianas viven con menos de tres dólares diarios.