En la primera semana de este mes, es decir los primeros cinco días hábiles de 2017, el sector agroalimentario liquidó 294 millones de dólares por sus exportaciones, según las entidades que agrupan a los productores aceiteros y cerealeros, lo que indica un tercio de las ventas externas.

La cifra exigua, ante el potencial del campo, es significativa por la tendencia exportadora que no para de crecer desde que cayeron las retenciones y se eliminaron cupos y otras trabas para los envíos externos.

Lo realmente importante es la recuperación de mercados agropecuarios tradicionales el año pasado, con logros como los despachos de limones a Estados Unidos, las carnes y productos apícolas prácticamente abandonados en materia exportadora.

Precisamente la exportación de miel a granel creció 74,49% en 2016 con respecto al año anterior y dos períodos en baja. Los destinos principales fueron EEUU, con la comercialización de 32.000 toneladas, seguido por Alemania, Bélgica, Francia y Australia.

En el mismo período se exportó material vivo apícola (enjambres de abejas, reinas, paquetes de abejas, reinas vírgenes, reinas fecundadas) a Francia, España y Líbano y cera, entre otros destinos. Este impulso lo promovió el desarrollo con valor agregado en las economías regionales, en particular en las provincias de Tucumán, Chaco, Corrientes y Buenos Aires.

De los 24 productos que lideraron la avanzada exportadora del año pasado, 21 tienen origen agropecuario, desde el aceite de soja y las carnes frescas hasta los alimentos balanceados y granos procesados.

Estas exportaciones crecieron 44% sólo en los primeros tres meses de 2016 respecto de 2015, llegando a los 6.380 millones de dólares y tuvo después una incidencia del 51%, respondiendo a las medidas que benefician al campo.

Estamos ante un cambio de políticas que permiten al agro volver a posicionarse como el motor con capacidad de dinamizar la economía en todas las provincias, creando empleo, desarrollo y arraigo poblacional.

Quedan las expectativas para este año, complicado por los últimos desastres climáticos que se suman a otros problemas como la inflación y los mayores costos internos.