La pandemia de coronavirus viene causando estragos en la actividad económica mundial desde hace dos años debido a una paralización global sin precedentes y a medida que se avanza en la vacunación se produjeron mutaciones que frenaron la recuperación productiva. Lo ocurrido en el hemisferio norte en 2021 se siente ahora entre nosotros por la irrupción explosiva de Ómicron, la cepa que ya circula en San Juan.
Esta evolución de covid-19 es menos letal que sus antecesoras porque el ciclo de la enfermedad es más corto y no recarga las internaciones del sistema hospitalario, pero tiene como contrapartida la rápida expansión de contagios que ha roto todos los récords en el país y afecta a toda la población económicamente activa.
Los sanitaristas explican que la diferencia de esta tercera ola con las anteriores es que el 85% de la población tiene una dosis y otro 73,6% dos dosis de vacuna, más los refuerzos de un 16% de tercera inmunización, que hace a la enfermedad de leve a moderada. El problema son los no vacunados, a quienes Ómicron los ataca igual que las otras cepas: una estadística mundial dice que de cada 200 personas en terapia intensiva entre 190 y 195 no se vacunaron.
La gravedad de esta mutación es la alta transmisibilidad que recarga al personal sanitario por los testeos y paraliza la economía con ausentismo laboral, daña al turismo receptivo por la cancelación de eventos deportivos, y otros de concurrencia masiva. En nuestra provincia se cayó toda la reserva hotelera hasta marzo, con 1.553 plazas comprometidas, mientras se suceden postergaciones sin fecha.
A los sectores más complicados, esparcimiento, turismo, deportes y transporte, se sumarán limitaciones al comercio y la industria por ausencias laborales por contagios. El mismo día en que Aerolíneas Argentinas canceló 7 vuelos por falta de tripulación y un Avión quedó varado en la República Dominicana por tener todo el personal aislado, la empresa Aeroméxico canceló 260 frecuencias por contagio masivo de covid-19.
Los empresarios tiene el doble problema del freno de una economía, en franca recuperación a niveles de prepandemia, por demoras en entregar pedidos y suministros que frenan líneas fabriles de elaboración continua y sin cobertura de las aseguradoras de trabajo que no reconocen la incidencia del coronavirus como riesgo laboral.
El otro impacto lo sufrirá la recaudación y hay luces de advertencia en las finanzas públicas por este amesetamiento en plena temporada alta de movilidad y turismo interno.
