La educación más que estar sujeta a los vaivenes de los intereses corporativos o escrupulosas estadísticas para cerrar expectativas sobre su calidad, es un fenómeno social cuya tradición se remonta a la constitución de las primeras comunidades o grupos más primitivos. 


La educación es la fundamental acción que promueve el desarrollo de todo ser humano desde una institución social hasta la conformación de un pueblo o estado. Así pues, la educación es la materia de la pedagogía que reflexiona acerca de sucesos que marcan el rumbo o el avance del individuo como persona en sociedad más que atenerse a cálculos cuantificables de aciertos científicos, pruebas evaluativas o situaciones de planteamientos salariales u económicos. 


En otras palabras cuesta mucho dilucidar sus verdaderos problemas sin que haya una auténtica comprensión del fenómeno educativo. Por eso, revisar las concepciones sobre el estado del conocimiento en términos de días de clases o merecimientos en respuesta a los trabajos o labores que se realizan en este campo, es reducir la educación a oportunismos personales sin cuestionarnos verdaderamente acerca de sus fines o que se pretende de la formación de futuras generaciones. 
Esto ocurre porque la educación está cercada por visiones limitadas a la economía o políticas circunstanciales, más que enfocadas en el perfeccionamiento de la condición o capacidad específicamente humana. 


Por lo tanto no corresponde advertir a sus proyectistas de cómo operar al respecto sino más bien llamarles la atención para que se aboquen específicamente a sus contenidos, que en realidad son los que van a dar respuesta eficaz a resultados en términos de fundar una sociedad mejor organizada, más justa y verdaderamente soberana. 


No deben distraernos cuestiones que cercenan al niño y al joven, futuro adulto artífice de una familia, que será siempre la célula de la sociedad, por lo que quienes tengan la tarea de administrar sus destinos deberán empeñarse en las ineludibles cuestiones de perfeccionar la persona para formarla en la virtud, el saber aplicado y en la cultura del trabajo sin olvidar las conductas éticas.