Resulta provechoso indagar sobre el origen de diversas dificultades, atolladeros y conflictos, a fin de evitar la reincidencia en tropiezos. Ciertamente que las causas de cada caso serán singulares, pero existiría una matriz que subyace al error. Los antiguos griegos la llamaban oiesis, que básicamente son las opiniones falsas y mentiras en general. Ahí, entonces, estaría la génesis de gran parte de los problemas, en la falsa o errónea perspectiva. No es fácil permanecer exento de tal situación, porque puede tratarse de una información incorrecta que hayamos recibido, de una estrategia de manipulación, de un autoengaño, de una falsa interpretación. Pero todo distanciamiento de la verdad tendrá siempre el mismo efecto: el fracaso y el acceso al caos. Es por ello que la verdad es necesaria, no por una abstracción moral carente de utilidad práctica, todo lo contrario. Si se aspira a tener éxito en cualquier propósito, o alcanzar cierta meta, el camino será contar con información fiable, evitando desvíos hacia callejones sin salida; en fin, tomar distancia de la oiesis. Pese a ello, hay situaciones que a todas luces resultan auténticas y verificadas, pero como no encajan en alguna de las grandes farsas instaladas, pasan a la invisibilidad.

Brasil, país líder en Latinoamérica por su dimensión, influencia y continuidad estratégica, es un actor mundial clave. Durante la presidencia de Jair Bolsonaro, tendencias en redes sociales e informaciones de origen incierto mostraron una persistencia llamativa: aquellas orientadas a conceptuar su gobierno como depredador de los recursos del Brasil, e inclusive del mundo. Se le acusaba, con una tenacidad implacable, de devastar la selva amazónica, crucial pulmón del planeta. La eficiencia de tal perseverancia llegó a tal punto que, como ejemplo, las principales cadenas de supermercados en Alemania, entre 2019 y 2022, retiraron de sus góndolas carne de origen brasileño, a fin de "contrarrestar la destrucción de zonas forestales amenazadas" en Brasil. Se acusaba al gobierno de Bolsonaro de arrasar con la selva amazónica para autorizar explotaciones ganaderas. El actual presidente, Lula da Silva, sostuvo como pilar de su campaña electoral, en el plano nacional como mundial, el terminar con semejante castigo al planeta. Sin embargo, los recientes datos sobre deforestación de la Amazonia presentan un panorama alarmante. Se ha triplicado respecto a meses previos, de acuerdo al último informe del Instituto del Hombre y el Medio ambiente de la Amazonia (Imazon). Por día, se arrasa una superficie equivalente a 1.000 canchas de fútbol (867 kilómetros cuadrados). Sin embargo no existen penalidades, ni siquiera reclamos o condenas argumentales al gobierno de Lula, el cual tampoco niega los hechos. Por el contrario, celebra la producción cárnica récord que está alcanzando Brasil. De ninguna manera el truco, el error y las contradicciones pasan de largo, se acumulan amalgamando el fango en el que a menudo todos terminamos luego resbalando.