Con las actitudes que hemos visto en estos últimos días en sitios netamente turísticos como Puerto Iguazú, en Misiones, o en pleno centro de la CABA (Ciudad Autónoma de Buenos Aires), no podemos pretender que la Argentina consolide su posición dentro de los principales destinos turísticos. Fue lamentable ver en Iguazú que grupos de manifestantes impidieran a los turistas llegar hasta el aeropuerto local para abordar sus aviones a tiempo, en una represalia que no se entiende y que dio lugar a un hostigamiento que rápidamente se conoció en todo el mundo. En la CABA, la situación no fue muy diferente ya que los movimientos sociales ganaron las principales calles del microcentro porteño y la emblemática Avenida 9 de Julio, para manifestarse con carteles, ollas populares y otros recursos que ahuyentaron a las personas que pretendían conocer los atractivos de la ciudad. Hay que tener en cuenta que la ciudad de Buenos Aires es una de las metrópolis más visitada de Latinoamérica, por lo que cada vez que hay cortes de calles o manifestaciones se está privando a mucha gente, de distintos puntos del país y del exterior, conocer este centro urbano considerado como uno de los más populosos y atractivos.
Hay que terminar con esa costumbre de que cada vez que una acción de gobierno no se ajusta a la conveniencia de determinados sectores, se deban realizar manifestaciones o actos de protesta sin ningún tipo de consideración por el resto de la gente. Especialmente aquella que no es culpable de lo que pasa y que ocasionalmente visita el país promoviendo la actividad turística de la que dependen numerosas familias argentinas.
Esta vez le tocó a Iguazú y a la CABA ser protagonistas de una situación de inestabilidad y caos que en nada beneficia a la actividad turística, especialmente cuando está en un proceso de consolidación, en busca de convertirse en una de las principales fuente de recursos genuinos para el país.
Sin ocupar los primeros lugares como país de riesgo para ser visitado por extranjeros, la Argentina debe seguir avanzando hacia un óptimo posicionamiento que la lleve a recibir turistas de todo el mundo.
Los paros o huelgas anunciados o sorpresivos, las manifestaciones u otras modalidades de reclamo no deben perjudicar al prójimo. Esas acciones deben estar focalizadas hacia el origen de los conflictos y no a la gente, que termina siendo rehén de un proceso en el que se la involucra sin ningún tipo de consideración.
