Una propensión humana distintiva es la de clasificar. Como modo de comprender el mundo, construimos en nuestra mente especies de anaqueles donde inventariamos lo que percibimos. Agrupamos y vinculamos entre sí los conceptos que consideramos similares, las situaciones que interpretamos análogas, las personas que nos parecen equiparables entre sí. Así es como cada cual va erigiendo conceptualmente su visión del mundo. Tales ordenaciones que realiza el entendimiento, que se podrían asimilar a las "categorías" de Aristóteles, responden a dilatadas elaboraciones propias, aunque hay quienes las reciben ya prefabricadas. Justamente de eso se tratan las ideologías de toda índole, cuyas fórmulas pueden ser reprocesadas por las personas o directamente acatadas obedientemente. Por otra parte, de toda forma de ordenar conceptualmente el mundo provienen los más notables aciertos, como también los más grandes errores de la historia. Borges, en uno de sus ensayos, menciona a una antigua enciclopedia china, la que clasificaba a los animales en: pertenecientes al emperador, sirenas, perros sueltos, innumerables, etc. Como se puede apreciar, los "anaqueles" que ofrecía dicha enciclopedia no representaban el camino más propicio para ingresar a la realidad zoológica. No obstante, las clasificaciones infundadas, con sus efectos inevitables, todavía rigen buena parte de la realidad humana. Podría ser el caso de cómo en política se ha dividido al mundo en "derecha" e "izquierda". Quienes utilizan excluyentemente tal dicotomía, dejan afuera lo verdaderamente sustancial para codificar la acción política de un partido o gobierno, como debería ser la ampliación de libertades, la supresión de la pobreza, la seguridad física y patrimonial, entre otras disposiciones fundamentales para la vida humana.

Ante las recientes elecciones en Brasil, la gran mayoría de los análisis se ha inclinado a avizorar en el cono sur un viraje ideológico hacia la "izquierda". Tal forma de interpretar aglutina a gobiernos exitosos con verdaderamente fracasos, economías estables y vigorosas con otras que sólo han generado miseria, entre variopintas incongruencias e inconsistencias. Lo que parece estar sucediendo, no solamente en la región sino en el mundo entero, es que triunfan las oposiciones. Salvo excepciones, esta perspectiva estaría explicando la casi totalidad de los resultados electorales en distintos países. Es como si los ciudadanos, en su impotencia, desarmaran los oficialismos, cuales fueren, con toda la celeridad posible. Como si tal prerrogativa democrática fuese el único recurso disponible ante las dimensiones paquidérmicas que han ido asumiendo los Estados. Y para ello, estos han exigido cada vez más aportes impositivos, no equiparándolo con simétricas soluciones a las personas. Se podría adicionar a tal situación el que muchas de las grandes tribulaciones que sufren las personas son generadas por Estados: inflación, guerras, pobreza, falta de protección de la vida y esfuerzos, etc. La desazón, no la ideología, podría estar definiendo el voto.