Si bien todos los planes de asistencia alimentaria y sanitaria, como el de los primeros mil días, apuntan a cubrir las necesidades básicas de las madres en su etapa de concepción y de los niños en su primera y segunda infancia, las demás edades son poco tenidas en cuenta a nivel social o gubernamental y son dejadas, como corresponde, en manos de los progenitores. Pero es aquí donde se ha detectado un grave problema alimentario: un estudio de la UCA (Universidad Católica Argentina) ha determinado que sólo el 5% de los niños y adolescentes tienen una dieta adecuada. El resto fluctúa entre los que no se alimentan bien por falta de recursos en sus hogares, o los que consumen alimentos no recomendados que no contribuyen a la calidad de la alimentación.
Lo más preocupante de todo esto, es que de continuar esta tendencia, en unos años más tendremos una sociedad poco saludable, en la que será muy difícil encontrar personas sanas, en todo el sentido de la palabra, para hacerse cargo o responsable de tareas delicadas dentro del campo laboral.
El otro riesgo que se corre, es que una mala alimentación puede incidir negativamente en el desarrollo intelectual de los chicos, convirtiéndolos en sujetos incapaces de razonamiento mentales complejos.
Además del estudio de la UCA, el fenómeno también ha sido analizado por el Observatorio de la Deuda Social (ODSA) y el Centro de Estudios Sobre Política y Economía de la Alimentación (CEPEA), organismos que han trabajado para determinar "la frecuencia y ocasiones de consumo de alimentos recomendados" en los menores de 18 años. Se entiende por alimentos recomendados las verduras, frutas, leche, yogur y quesos, legumbres y cereales, carnes y huevos y aceite, semillas y frutos secos. La baja en el consumo de alguno de estos tipos de alimentos recomendados hace que la dieta pierda calidad y variedad.
Es una realidad de que el nivel socioeconómico influye decisivamente en la calidad de la alimentación, pero también es cierto que hay hogares con buen nivel socioeconómico donde hay chicos y adolescentes mal alimentados por una razón de hábitos, comodidad o falta de cuidado deliberado o por ignorancia de no conocer lo que realmente conviene en materia alimentaria.
Los alimentos no recomendados son las gaseosas, galletitas, dulces y pastelería y las golosinas.
Una buena dieta es fundamental para preservar la salud en los niños y adolescentes y asegurar que cuando lleguen a grande puedan ser elementos útiles a la sociedad.
