Antes de comenzar del Foro Económico Mundial, en Davos, una organización no gubernamental dio a conocer un informe sobre la distribución de la riqueza en el mundo que ha sorprendido por la inequidad con que se distribuye el ingreso en la población económicamente activa. 


La ONG Oxfam, que aglutina relevamientos globales de esta naturaleza, dice que nunca ha sido tan grande la brecha entre ricos y pobres como en la actualidad, un desequilibrio que podría profundizar la inestabilidad social por las consecuencias en el deterioro de las condiciones de vida. Hay más gente viviendo con miedo y con menos esperanza, sintetiza. 


En el análisis de la entidad, integrada por numerosas organizaciones civiles de diferentes países, señala que ya se pueden advertir las consecuencias en el aumento de la criminalidad y la inseguridad, amenazando dividir más a la sociedad y con un impacto negativo en la lucha contra la pobreza. 


Lo cierto es que ocho personas, perfectamente identificadas, concentran tanta riqueza como 3.500 millones de personas al concluir 2015. Es decir, tienen la misma cantidad de riqueza que la mitad más pobre del mundo. 


Si bien hay un crecimiento económico, este ha sido extremadamente desigual. Los ingresos del 10% más pobre de la población mundial aumentaron en menos de 3 dólares por año entre 1988 y 2011, mientras que los ingresos del 10% más rico se multiplicaron 182 veces en ese período. 


Oxfam apunta directamente a los excesos de la economía de mercado, cuando sólo busca lograr mayor rendimiento para los accionistas y la dirigencia, trayendo como consecuencia el sometimiento a productores y trabajadores de las grandes corporaciones, que también buscan evadir impuestos e influir en políticas gubernamentales a través del amiguismo con el poder.  


Por ello la exhortación a Davos para construir un nuevo consenso a fin de diseñar un modelo económico que beneficie a todas las personas, no sólo a un grupo selecto. También los gobiernos deben cooperar asegurando tributos justos, un medio ambiente protegido y trabajadores bien remunerados. La tecnología no debería reemplazar al hombre sino utilizarla para reducir la desigualdad.