Contaban nuestros antepasados que en la época de Sarmiento y un poco más adelante también, entre finales del siglo XIX y principios del XX, varios sectores de nuestra provincia poseían frondosas arboledas que otorgaban un aspecto paradisíaco a cada uno de los valles en los que se asentaba y se asienta actualmente la población, especialmente en las inmediaciones del curso del Río San Juan o del Río Jáchal. Con el tiempo, a mediados del siglo pasado, esa forestación fue sucumbiendo a tal punto que en estos momentos son pocos los ejemplares de los árboles de entonces, entre los que se encontraban los gigantescos eucaliptus introducidos por el Maestro de América en el país o las magníficas alamedas que los productores plantaron para proteger los cultivos de los vientos o para alentar una insipiente industria maderera que luego tampoco prosperó.

En la actualidad nos encontramos con un panorama bastante desalentador respecto de la forestación en la provincia, tanto en las zonas rurales como en centros poblados. Los árboles cada vez son menos y hay una gran cantidad que están en peligro de caerse por el mal estado sanitario en que se encuentran, como lo reveló un reciente informe de la Dirección de Arbolado Público del gobierno.

Las cada vez peores condiciones ambientales del planeta Tierra marcan la necesidad de que todos los países del mundo, en cada una de sus localidades, implementen enérgicas medidas para intentar mejorar la situación climática en franco deterioro y, lógicamente, San Juan no puede ser la excepción cuando hay pruebas comprobables de que ha perdido gran parte del verde natural que poseía y que el desierto ha comenzado a avanzar inexorablemente, sin que se haya hecho nada para contrarrestar este fenómeno.

Una gran campaña de forestación que contemple la colocación de ejemplares proveedores de sombra, en los que la gente pueda encontrar amparo, especialmente durante los meses de verano en los que el calor se hace sentir con toda su fuerza, es una necesidad imperiosa. En este sentido habrá que tener en cuenta, como un nuevo intento de recuperar superficie forestada, el plan para reducir la huella de carbono que se acaba de presentar en San Juan y que ya cuenta con más de 20 empresas e instituciones que han adherido a la propuesta con actividades que apunten a disminuir las emisiones que están provocando el cambio climático. Lo mismo que el ambicioso proyecto del BioCorredor, de más de 40 kilómetros, que irá desde el Centro Ambiental Anchipurac hasta el Parque Sarmiento de Zonda denominado Utu Zaat, voz huarpe que significa Casa de Árboles, parquizado y forestado con especies autóctonas.

Debemos tener en cuenta que hasta ahora ninguno de los planes de forestación, desde el año 2000 en adelante han tenido éxito, a excepción de los trabajos realizados en la Avenida de Circunvalación donde junto a la parquización del anillo vial se crearon pequeños bosques que cambiaron el aspecto pedregoso que tenía esta obra. El resto de las forestaciones han sufrido la escasez de agua, la falta de cuidado de las plantas o el mal trato por parte, inclusive, de la comunidad que también debe colaborar con esta tarea.