Se ha conocido en estos días que la cartera que preside la ministra de Salud de la Nación, Carla Vizotti, está promoviendo que los chicos a partir de los 13 años puedan recibir información y acceder al método anticonceptivo que elijan, sin necesidad de estar acompañados por personas adultas. De la misma manera proponen que los adolescentes a partir de los 16 años puedan acceder gratis a métodos anticonceptivos permanentes como ligaduras de trompas y vasectomía. Si bien para la primera franja etaria los métodos anticonceptivos son de carácter reversibles, es decir que se pueden dejar de utilizar para dar lugar a la concepción; para los mayores de 16 años se habla de dos prácticas que implican métodos irreversibles de anticoncepción, lo que estaría ocasionando que en el futuro haya argentinos imposibilitados de concebir una vida, por una decisión tomada a una edad muy temprana, inclusive antes del inicio de la juventud.
Cuesta entender cómo se puede hablar de cuidar el cuerpo cuando se está dando libertad para que chicos de apenas 16 años de edad puedan decidir hacerse una vasectomía o una ligadura de trompa entre otros tantos métodos anticonceptivos, y que además sea el Ministerio de Salud el que promueva estas prácticas antinatalistas.
El hecho de que un joven tome la decisión de esterilizarse de modo definitivo a tan temprana edad está dando muestras de una sociedad que no ha sabido forjar auténticos valores de amor a la vida ni comprender la importancia que tiene la procreación para las familias y para el desarrollo de una comunidad que es la que da lugar, a mayor escala, a una nación.
La medida ministerial que se está difundiendo ampliamente por las redes sociales, no solo ataca la capacidad del ser humano de dar vida, interviniendo en un proceso que es considerado entre milagroso y divino, sino que también ataca a la familia al desconocer la autoridad paternal en temas tan trascendentes, cuando se establece como un derecho la posibilidad de los chicos mayores de 13 años de elegir un método anticonceptivo sin necesidad de ir acompañados por los padres, otros familiares o personas adultas que puedan cumplir el rol de padre, tutor o encargado de chicos de esas edad.
Más allá de que la legislación nacional (Ley 26.130) establezca que a partir de la mayoría de edad se puede acceder a la anticoncepción quirúrgica, el sentido común nos señala que no se puede inculcar en personas tan jóvenes una conducta que de por vida les imposibilitará la procreación, privándose de la maravillosa experiencia de ser padres y de dar vida a un ser que en el futuro puede llegar a ser una pieza clave para el desarrollo y engrandecimiento de la provincia, el país o el mundo.¸·<
