Nicolás Maduro impidió el martes último que una delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos pudiese llegar a Venezuela para hacer una evaluación sobre el cumplimiento de las garantías fundamentales que deben ser respetadas, a pesar de la profunda crisis económica y social que sufre la población del país caribeño. La misión del organismo de la Organización de Estados Americanos (OEA) fue promovida por el presidente provisorio Juan Guaidó y ahora se instalará en la fronteriza ciudad colombiana de Cúcuta, para tomar testimonios y documentar los abusos de las víctimas venezolanas del mayor éxodo latinoamericano de la historia moderna.

Los argumentos del cuestionado presidente chavista son las de una dictadura que no acepta la realidad de una gestión deplorable, sin justicia ni garantías para los derechos humanos del sufrido pueblo que soporta una crisis humanitaria. Maduro renunció a la OEA el año pasado porque a su juicio es una organización manejada por Estados Unidos, pero por otro lado le pide a la CIDH que visite a otros países, de acuerdo a sus tendenciosas contradicciones.

Amnistía Internacional se sumó a las críticas por el rechazo a la misión interamericana impidiéndole llegar a suelo venezolano, lo que demuestra una vez más el desprecio del dictador por el bienestar de la gente que dice defender. Esta posición antojadiza la vienen marcando los opositores y las organizaciones humanitarias, además de la condena mundial por los hechos comprobados. Es el caso de la visita de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet, enviada para conocer de cerca la crisis venezolana y las responsabilidades de Maduro, tras lo cual elevó un informe lapidario que el líder chavista respondió con insultos contra la expresidenta chilena y su equipo.

La hipocresía de Maduro sigue intacta a pesar de que su nuevo mandato no ha sido reconocido por más de 50 países y no obstante ello en octubre pasado la diplomacia bolivariana se aseguró un lugar en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU con el apoyo de regímenes que tampoco garantizan las libertades supremas como China, Rusia, Cuba y del Movimiento de Países No Alineados. Es decir, Maduro es juez y parte en el área del organismo que denunció a Venezuela por las violaciones sistemáticas a las garantías fundamentales de los ciudadanos.

Sin embargo los hechos y las reacciones de Maduro sólo expresan el temor de un gobierno por lo que podrían constatar las investigaciones internacionales sobre la supervivencia de los venezolanos en medio del desabastecimiento total, la mayor inflación del mundo y los asesinatos durante las protestas del pueblo y las persecuciones a la oposición con 24 diputados despojados de su inmunidad.