Un policía del condado de Marathon, Wisconsin, le pidió el 6 de agosto de 2015 a Klyde J. Gebelein que se bajara de la camioneta con la que transportaba una excavadora. El hombre, de 70 años, obedeció.

 

La tensión empezó a crecer cuando el oficial le pidió una licencia especial, necesaria para manejar un vehículo de trabajo. Convencido de que no estaba infringiendo ninguna norma, ya que según él no lo estaba conduciendo, Gebelein se negó a entregarle la documentación. Entonces se subió a la camioneta y se fue.

 

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Así comenzó la persecución, que se extendió por unos 15 minutos. Cuando ya tenía más de un móvil policial detrás, el ofuscado conductor decidió parar. Salió de la cabina y se quedó esperando parado.

 

Tres agentes se acercaron. Como no se quiso arrojar al suelo, lo tiraron ellos. Inexplicablemente, a pesar de que tenían la situación bajo control, los oficiales dejaron que el perro que los acompañaba —que no llevaba correa— empezara a morderle la cabeza al detenido. Sólo después de unos segundos lo sacaron.

 

Esta semana, casi dos años después, Gebelein inició una acción legal contra Troy Deiler, el policía que ordenó el ataque del perro. Pretende un resarcimiento por las heridas y el trauma que le causó el violento arresto.