"¡¿Qué fue eso?!". La pregunta -sorda, como un alarido contenido- brotó de los labios de Brandi Owens y estaba dirigida a su novio, Marquell Sholar, quien también se había mostrado extrañado por el estruendo que provenía de la habitación de la pequeña Timiyah Landers, de 12 años.

 

Segundos después, entre gritos y convertida en una "bola de fuego", la niña bajaría las escalares al grito de "¡ayúdenme! ¡ayúdenme!". Las llamas la consumían desde sus rodillas hasta su cuello. Estaba desesperada.

 

Sholar reaccionó de inmediato y como pudo. Tomó a Timiyah, la llevó al baño y la colocó en la bañera que comenzó a llenarla con agua y rociarla con la ducha. Con sus manos, Owens trataba de sacarle las ropas hirviendo mientras el agua fría comenzaba a apagar el fuego. Se quemó también, pero nada le importaba.

 

 

"Fue un acto reflejo… no sentía el fuego, estaba salvando a mi hija", dijo la mujer en diálogo con The Washington Post. El fuego fue apagado, finalmente, y subieron de urgencia a la pequeña a su automóvil para trasladarla ellos mismos al hospital más cercano en Detroit. Fueron los cinco minutos más eternos de sus vidas.

 

En el corto trayecto a toda velocidad, su mente también corría. Pensaba: ¿Qué había pasado? ¿Qué estaba haciendo en su habitación con dos amigas para que terminara envuelta en llamas? Horas después, cuando su niña estaba internada en cuidados intensivos y su cuerpo presentaba heridas en casi su totalidad, supo qué había ocurrido en la tarde del viernes.

 

Se trató de un desafío viral que da vueltas por internet y que es conocido como "el reto del fuego". Se trata de algo realmente preligroso: el participante debe rociar con etanol su cuerpo o algunas partes del él, prenderlo fuego y filmarlo. En teoría, las llamas deberían apagarse cuando el alcohol se consumiera… algo que debería ocurrir de inmediato. Pero eso no sucedió con Timiyah.

 

 

El caso de Timiyah revivió los temores de padres. Owens contó que su hija tiene un respitador constantemente y se alimenta por un tubo. Timiyah tiene quemaduras de segundo y tercer grado, y la mayor parte de su cuerpo está cubierto de pesadas vendas blancas.