Pasaron varios meses de ausencia en TV y radio. Tras su exitosa operación ante un cáncer de colon, el Dr. Alberto Cormillot, famoso especialista en obesidad y educación para la salud, retomó a sus rutinas normales en los espacios de su vida cotidiana, especialmente en el programa "Cuestión de peso". En plena recuperación, la marca registrada como consejero de la buena alimentación en la televisión argentina, habló con DIARIO DE CUYO sobre los momentos más difíciles que vivió con su enfermedad a cuestas y de la que pudo salir favorablemente. Hoy lo cuenta de esta manera: "Hay veces que el cuerpo avisa que está mal y yo lo escuché a tiempo", dijo el médico.
– ¿Cómo empezó la historia de su enfermedad?
– Es extraño, pero no sé cuánto pudo haber influido en mi recuperación el hecho de ser médico. Es más, dicen que los médicos son los más malos pacientes, aunque sea una generalidad. Pero comenzó cuando sentí agotamiento físico y mental. Pensé que era por los viajes o por tanto trabajo. Cuando me di cuenta, me hice análisis de sangre y supe que había perdido glóbulos rojos. Tomaba mucho hierro, pero seguía con varias dificultades, estaba muy lento. Entonces pedí un nuevo análisis con una tomografía y una cronoscopía. Ahí dio positivo que tenía un cáncer muy elevado. Luego vino la operación en el cual me sacaron medio metro de intestino; y me agarré una infección intrahospitalaria. Pero ya estoy fuera de todo eso.
– ¿Cómo lo sacudió la noticia?
– Cuando me dijeron que debía someterme a la quimioterapia, me produjo un impacto emocional terrible, una gran incomodidad porque sus efectos secundarios hubieran impedido que continuara bailando. Eso me afectó mucho, porque es una de las actividades más importantes para mí. Finalmente no pasé por esa etapa y me alivió. Pero sufrí mucho la falta de energía para hacer las cosas. Bajé unos 6 kilos y perdí las ganas de comer.
– ¿Su pasión por el baile lo mantuvo motivado?
– Hace años que bailo tap. Es fabuloso porque todos los años hacemos un show con mis profesoras y soy invitado a grandes eventos sociales haciendo mis coreografías. Hasta participé en la apertura de Showmatch el año pasado. Bailo razonablemente bien sin ser profesional. Digamos que estoy en un nivel intermedio. Pero el hecho que lo haga a mi edad, es un plus adicional. La gente me aplaude cuando ven que no me muero arriba del escenario con tanto ejercicio que hago.
– ¿Será un ejemplo de que se puede salir adelante, pese a todo?
– El asunto está en cómo afrontas el problema y la actitud que pones para recuperarte. Hasta donde uno se prepara para salir de la enfermedad. Pero no quiere decir que estando bien psicológicamente, uno se cure milagrosamente del cáncer. No. Hay que seguir paso a paso el tratamiento, estar mejor predispuesto, esforzarse por comer, seguir con la rehabilitación física, en eso sí que incide para enfrentar al cáncer con actitud. Pertenezco al grupo del más del 90% de los casos que pueden curarse con este tipo de operación. Pero debo seguir cuidándome. Volví a mis ocupaciones con mucho entusiasmo y no me siento abatido. Hago una vida sana y la sigo sosteniendo. Hay veces que el cuerpo avisa que está mal y yo lo escuché a tiempo.
– ¿Volver al trabajo lo estimuló?
– Primero a la radio, fue complicado porque estuve entubado muchas horas y tenía mi voz muy ronca. Tres semanas después llegué a mi espacio habitual de C5N y luego en Cuestión de peso. Aguanté el tiempo suficiente para mantenerme parado y lo hice con mucho gusto. Disfruto haber regresado con tanta energía.
– ¿Cuál es el mejor aporte que hace Cuestión de peso en la tele?
– Es un reality de la salud que tiene varias facetas. Mi labor está en medio del entretenimiento, pero llevo una gran responsabilidad. Todos los días hay un tire y afloje permanente entre lo que es entretenimiento, lo de reality show y cuando se tratan cosas serias de salud. En los primeros dos asuntos no me meto, sólo intervengo en dar recomendaciones y consejos a los participantes, pero también al televidente. Cuando empieza la hora de las peleas en el piso entre los participantes, se lo dejo todo a mis compañeros. Y está bien, se trata de mantener un balance que a veces se logra y en otras no. En el fondo, el rating acompaña. Creo que es un producto que vale la pena, porque mucha gente bajó de peso viéndolo. Ojo que hay cosas que no me gustan que les hagan pasar a los protagonistas, pero esto es TV abierta y uno debe negociarlo todo.
– Justamente critican al ciclo por ese costado, ¿qué positivo puede resultar?
– Cuando la discusión sube, se sigue el minuto a minuto, entendemos que la gente se engancha con ello, pero después de eso viene lo verdaderamente esencial que les dejamos al público. Esto se sabe en todo el mundo que los mensajes de salud llegan mejor en un envase de entretenimiento. Si Tinelli diera consejos sobre salud, le darían más bola que otra gente más seria. Si el argumento de una telenovela tratara el tabaquismo, la lactancia materna o la obesidad, serán mucho más efectivos sus mensajes. Así ocurrió antes cuando Tita Merello, una figura muy querida, insistió mucho con el Papanicolaou por la tele y fue más masivo que todas las campañas médicas juntas.
– ¿Cuál de los casos que trata en el programa le da más satisfacción?
– A los que se mantienen con el tratamiento. La obesidad es una enfermedad crónica. Le damos de alta en el reality, pero el problema persiste y hay que seguir trabajando. Les ayuda a salir del estrés de su situación, pero cuando termina el programa, empieza la vida real y el verdadero tratamiento.

