"Violetta y Piñón fijo hablando por teléfono suena muy infantil te diré, categoría Infantojuvenil sería para APTRA\’, dice bromeando con el nombre de su circunstancial interlocutora que gracias al personaje de Martina Stoessel en el canal Disney, hoy se ha vuelto popular. La imagen de un posible encuentro entre Violetta y Piñón fijo se esfuma en seguida: "No creo que fuera posible, la franja que ella abarca está más arriba que la franjita que manejo yo, de bebotes y primera infancia\’ comentó a DIARIO DE CUYO Fabián Gómez, el artista cordobés que da vida al payaso más famoso de la Argentina.
Piñón fijo acaba de cumplir sus bodas de plata en el oficio de entretener a los más chiquitos y el próximo viernes actuará en San Juan con un nuevo show (ver aparte) junto a sus hijos Sol y Jeremías, que desde hace un par de años lo acompañan en el escenario y en 2014 se sumaron a Piñón fijo en familia, la nueva temporada del programa que emite diariamente El Trece.
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-Muy bien, muy contento, porque tengo 25 de Piñón, 48 de Fabián, y 27 de Sol y 26 de Jere, mis hijos; estar recorriendo la Argentina haciendo lo que amamos y recibiendo la calidez de la gente uno se siente un privilegiado, bendecido por la vida. Estamos llegando de Buenos Aires, hicimos cuatro funciones en el Lola Membrides repletos de sonrisas de niños.
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-Sí, sí… y de los grandes porque desde el escenario lo que percibimos es el ambiente de un recital de rock. Los padres se involucran tanto…porque uno dice que el paisaje sonoro de un show de Piñón tendría que ser palmitas chiquitas y risitas de niños y realmente se escucha el grito de hombres, mujeres, y eso a uno también te motiva de manera especial.
La magia de estos 25 años hace que muchos de los papás que vienen con sus bebotes ahora en brazos han sido público hace un tiempo, en algún momento han sido damnificados míos (sic).
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-Con la idea de divertirme; tratar de hacer cosas nuevas, ir renovando el show a través de los meses y los años para sorprendernos y disfrutar nosotros también. Surge una nueva canción y es un disparador para un sketch, y lo vas puliendo a medida que pasa el tiempo, según el ensayo y error que significa recorrer tantos escenarios; es la ventaja que tiene uno, que no estás en un laboratorio y decís ésta es la fórmula, debutamos y si sale bien fantástico y sino hay que sostenerla. No, acá hay disparadores y la gente va ayudando a moldear el show, que termina siendo muy dinámico.
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-Debe ser por el lado positivo que tiene uno, pero a mi me mantiene motivado lo que está por venir, ¿no? Me satisface mucho lo que ya hice, pero lo tomo como un cimiento de mi próximo sueño. Asi que siempre estoy entusiasmado con alguna zanahoria que me invento. Ahora estoy con un Piñoncito que es un alter ego de Piñón, modelado en 3D y animado en vivo en Buenos Aires con mi hijo como actor, que se calzó un traje con sensores. En un mes estará en la tele, es muy tierno, muy dulce, eso me tiene loco. Uno siempre tiene para adelante algo con qué soñar, como un niño con el próximo juguete.
Yo miro mi propia historia y si uno decide proyectar las cosas demasiado concretamente es medio al vicio porque después la vida se encarga de darte sorpresas. Si a mi alguien me decía lo que me iba a suceder , hubiese dicho que era una locura.
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-No, no para nada, en realidad siempre estuve un poco loco y he tenido sueños muy locos. Yo estaba en una esquina, cantando para dos o tres familias y me imaginaba que estaba en el Gran Rex o en el Luna Park, después cuando me tocó estar ahí era como si ya hubiera estado, ¡qué locura!
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-La clave de la permanencia es el respeto a los niños, tratarlos de igual a igual, y la complicidad con el adulto. Esto no ha sido una estrategia de marketing, sino algo que surgió con el personaje, siempre tratar de cobijarse en la complicidad con el adulto y tratar de ser lo más transparente con el niño. Más la música como aliada de las ideas, han sido tres grandes bastiones, no sé si una fórmula, pero sí tres columnas muy fuertes en las que me apoyé para tratar de respetar este oficio durante tantos años.
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-(Risas)¡Hay bebotes que leen libros con touchscreen! Yo a la tecnología la tomo como aliada, no me pongo en la vereda del frente, y mientras esté usada como un medio creativo, creo que es válida. Ahora, cuando es un chupete electrónico para que no moleste el niño y nada más, por ahí se vuelve una herramienta peligrosa. Uno trata de apuntalar con tecnología lo que hace desde el escenario, siempre preocupados por buenas luces, pantallas.
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-Y trabajar con mis hijos es una situación bastante traumática… (risas). ¡No!, lo dije porque me están escuchando, ¡no sabes cómo me miraron!. Trabajar con ellos está buenísimo, ha sido una bocanada de aire fresco, el hecho de estar tantos años solo, remando, inventando cosas, y ahora tener el feedback con gente que siente este oficio muy desde adentro y no desde una perspectiva comercial, como me ha sucedido, sino desde una perspectiva artística y humana. Los chicos son muy creativos a la hora de aportar y muy verdugos a la hora de criticar. Eso me hace bien, me ayuda a mantener el eje, antes la mochila lo llevaba solo.
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-Sí, he usado esa imagen para nombrarlos, porque es así. Como dice la canción de Rubén Blades, son dos guerreros que me acompañan.
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-Tengo un proyecto que me parece que va a perimir, porque Piñón no me da tiempo. Además me pasa que Piñón a mi me abarca en todos los sentidos, yo no considero que sea un artista infantil, es un artista integral, satisface mis necesidades creativas el hecho de hacer una canción porque no considero que la esté haciendo sólo para niños- sacando el Chu chu ua- todas tienen un guiño hacia el mundo adulto. Eso me permite divertirme y me contiene.

