La Asociación Argentina de Actores y el Honorable Senado de la Nación entregarán los Premios Podestá 2016 en los que se reconoce la trayectoria honorable de actores argentinos, para el fortalecimiento de la democracia y la cultura nacional. Y para sorpresa y alegría de toda la comunidad teatral local, el sanjuanino José Annecchini recibirá la distinción en el Congreso de la Nación y compartirá la ceremonia (el 5 de diciembre a las 19 en el Salón Azul) con otras famosas figuras del espectáculo: Cecilia Roth, Leonardo Sbaraglia, Luisa Kuliok y Pablo Rago; además de Manuel Vicente, Beatriz Spelzini, Fito Yanelli, Omar Aita y el actor bahiense Oscar Pascuaré (ver aparte). DIARIO DE CUYO entrevistó al actor y director, fundador de la Cooperativa Teatro de Arte y segundo sanjuanino destacado con este galardón, luego de Julio Masi (2012).
– ¿Qué significa este reconocimiento para vos? – Me sorprendió y me emocionó mucho. El tiempo pasa y no me doy cuenta de hace cuánto hago lo mismo. Desde 1977 que hago teatro y eso fue registrando una historia, que no es solamente la mía, sino la de todos los que hicieron teatro conmigo. Profesores como Amalia Acerbi de Gatti, Oscar Kummel y otros maestros de Buenos Aires. Mis compañeros actores, actrices, directores y directoras… Todos aportaron en esta vocación. Lógicamente no se puede vivir del teatro porque somos una población chica, pero es indudable que no puedo vivir sin el teatro. Este reconocimiento no es para mí, sino para todo el colectivo de artistas y organizaciones y que no termina ahí, le llega a la comunidad.
– ¿El mayor premio sería, sin embargo, ver terminada la sala de la Cooperativa? – Sí creo que sí, sería el mayor premio. Después de eso, armaré otra sala más y otra obra más, hasta que me muera haciendo una o las dos cosas…
– La calidad del teatro independiente de tu época, con su estética y contenido, ¿se mantiene? – Es difícil de responder, porque no había una estética determinada, pero sí esta constante la inquietud. Nunca el teatro independiente se quedó tranquilo con la realidad tal cual está. Hay gente medio revoltosa. San Juan tiene una estructura social y política institucional muy conservadora, donde ejerce la alianza fuerte entre la Iglesia, el Estado y el poder económico dominante. Ese combo da por resultado una provincia chiquita, conservadora y con vallas clavadas en la hipocresía. Sin embargo, el teatro independiente supo desarrollar lenguajes, en investigación, experimentación, algunos otros más tradicionales; pero siempre llevando una inquisición sobre el modo de vida, las costumbres sociales, una pretendida moral, la explotación del hombre sobre el hombre. Hay muy buenos referentes, directores y dramaturgos. San Juan tiene mucha calidad. Es destacable lo que hace Juan Carlos Carta o las propuestas de Ariel Sampaolesi, lo de Tania Leyes, los grupos de experimentación de teatro performático. Resulta interesante y atractivo lo que está fuera de lo comercial.
– Más allá de eso, podés sentir este galardón como un mimo personal… – Es difícil no sentirse mimado. Pero soy el producto de un colectivo teatral sanjuanino y formo parte de esta generación actual. Vengo de una época donde la dictadura censuraba, pasé la apertura democrática y ahora vivo una etapa donde se puede trabajar con plena libertad. Atravesé todas las etapas. Ahora, los jóvenes me dirigen a mí. Como en Difuntas Todas. Eso me permitió tener una experiencia donde la realidad teatral me atraviesa y me pongo al servicio de eso.
– Qué difícil entender lo ‘colectivo’, cuando en el teatro crecen los egos… – Esto pasa no solo en el teatro independiente, pasa en todos los ámbitos. Digamos que es propio del ser humano. Pero en los hechos, por más que mi ego sea muy grande y me crea el único autor de un éxito teatral o descubrir una estética o una determinada poética; la realidad me demuestra que no soy nada sin el conjunto de mis compañeros, de los actores, de los escenógrafos, los técnicos y todo esto no logra las cosas solo.
– Para manejar un elenco ¿Cómo ejerce autoridad de director? – En mi caso, voy proponiendo y los actores aceptan cosas, algunas otras no y me dejo atravesar por lo que se acuerda. Siempre pongo mi punto de vista para discutirlo y sobre la marcha vamos viendo cómo sale. Y si no hay consenso, sobre lo que se quiere mostrar, el proyecto se cae. El teatro independiente es la expresión más cabal del trabajo colectivo y de cómo debería ser la sociedad, en lo ideal. Cada miembro aporta y es tan dueño de ese producto final como cualquier otro. Todas las obras en las que trabajé se hicieron de esa forma. Me parece que sería muy bueno aplicarlo en todos los ámbitos de la vida.
– En una sociedad capitalista ¿es posible sostener este esquema? – El capitalismo se ha socializado bastante en las formas, todo ha ido cediendo. Después de la caída del Muro de Berlín, que fue una fantochada autoritaria que hundió a la esperanza socialista, el mundo está signado por el deterioro del ser humano. El daño es desde lo psicológico, lo ideológico y desde lo físico. Vemos todos los días a niños desnutridos, niños despedazados por una bomba, guerras, inmolaciones bajo creencias religiosas, femicidios. Hay todo un complejo de violencia destructiva y autodestructiva hacia lo humano que está muy presente en nosotros. Por eso el teatro independiente tiene mucho que decir todavía.
– ¿El Tanatos de Freud anda suelto? – Sí, está desatado. Hay más campos fértiles para desatar las pulsiones que nos destruyen. La sociedad debe tener cierta organización para mantenerse libres del imperio del más fuerte. Si bien hay entretenimiento, películas y teatro para fugarse, también hay teatro de arte, que siempre busca reflexionar.
