En el periplo que finaliza su cuarta edición el domingo próximo, el retablo del Festival de Títeres Priti Tiplá llegó ayer al Colegio Don Bosco. Ojos picarones y carcajadas de inocencia inundaron la capacidad de la salita de audio, con la historia de La ratita presumida, una coqueta roedora en busca de novio, pero no de cualquier novio…

Una voz en off introdujo en la narración a los más bajitos y los condujo hacia las aventuras de un nono tan pero tan alto, que se acostó a dormir para que nadie lo viera, hasta que su nieto le dijo que se hiciera contador de cuentos.

Después entró el presentador, don Dormilón. Para variar, se había quedado dormido. "¿Es el abuelito del cuento?", dijeron los peques respecto al hombre que se presentó con su gorrito de cama y mucha modorra encima, cepillándose los dientes con el peine.

Con asombro, los chiquis recibieron una nueva sorpresa: una vanidosa ratita, barriendo la vereda de su casita de madera.

Manejada por las varillas del titiritero Juan Rodríguez de la compañía boliviana Paralamo, ella saludó muy atenta e incluso posó como una modelito para el flash del fotógrafo de DIARIO DE CUYO, robándose todas las miradas.

"Cuá…Cuá…Cuá…Cuál es la Calle El Queso’, preguntó un apuesto ratoncito tartamudeando, para que la platea menuda disparara su risita contagiosa; lo que se convirtió en otro de los momentos más simpáticos de la función.

Así, entre escena y escena, transitan las jornadas oxigenadas por la frescura de los chiquis en cada sala que aterriza el encuentro, el mejor premio para el artista, que cobra vida a través de muñecos de tela y gomaespuma.