Los incesantes ¡Viva Jáchal! y ¡Viva la patria! del coro humano que abarrotó el sábado el anfiteatro Buenaventura Luna -más de 13 mil personas-, demostraron que la última noche de la Fiesta de la Tradición Jachallera, culminó con gloria. La colmena humana no dudó en aprovechar el presente clima favorable -el frío se notó recién en la madrugada del domingo- y vistió el anfiteatro natural con equipos de mate, sillas plegables, heladeritas portátiles -amortizaron el costo excesivo de la comida que vendía alguno de los 6 ranchos habilitados- y no faltó el espacio para el merchandising local.

Los vendedores ambulantes se cansaron de proliferar pañuelos blancos -son más prácticos a la hora de revolear ponchos-, sombreros "cowboy" -para estar bien a tono- y largavistas, para no perderse ningún detalle escurridizo -sobre todo, la tribuna que pobló los cerros-.

El fogón de los Arrieros -la vértebra principal del esqueleto festivo-, resultó una impactante dramatización del poema de Buenaventura Luna, con más de 200 jinetes en escena, numerosas agrupaciones gauchas, incandecentes fuegos artificiales, emocionante entonación del himno nacional -la gente se puso de pie y entregó su alma- y fraternal concepto de unión.

El broche de oro estuvo a cargo Jorge Rojas, el nuevo "Divo" del folclore -levantó polvareda con sus exigencias profesionales-. El ex Nochero, hizo palpitar el cardio femenino con su voz de fuego, se animó a bailar saya y agitó a la tribuna con azucarado folclore. Con nobleza gaucha, el preludio de la 50° edición de la Fiesta de la Tradición Jachallera, se transformó en la revelación adecuada de sabroso aroma popular y sentida teluria ancestral.