( Foto: Daniel Arias )

Entrar a su casa es rodearse de arte. Muchos cuadros, la mayoría propios, lo describen desde las paredes. Dibujos y siluetas que fue esbozando desde los años '80, década en la que se abocó a este talento que se manifestó cuando era niño y le hacía los dibujos para la escuela a su hermano Teté. Y la colección sigue creciendo, porque a sus envidiables 92 años el Ingeniero Elías Pósleman, sigue produciendo. Artista principalmente autodidacta, acaba de desmontar una exposición en el Centro Cívico, Tríos, que pronto llevará a la Legislatura Provincial, su Vía Crucis se puede ver en un salón de Santa Lucía y ya ha puesto manos a la obra a una nueva producción, que mantiene ocupado a este ciudadano ilustre de la Capital sanjuanina. "'Papá, tienes que seguir con esto', me dicen mis hijos, porque lleno los días", susurra.


"Trabajo cuando tengo tiempo, que es todos los días porque soy re jubilado -explica con un buen humor del que hará gala a lo largo de la entrevista. Por ahí viene un nieto, de los 17 que tengo, y me dice 'Nino, esto está feo'. Mi imaginación llega hasta ahí, así que si viene alguien y opina; y me agrada, lo hago. Si no me gusta, lo rompo. Bueno, quiere decir que el autor no soy sólo yo", se explaya con expreso cariño hacia su familia, compañía y sostén. "Mi pichona me decía 'No rompa, después le va a servir...'. Ella ha sido la que me orientaba", se refiere a su esposa ya fallecida, Elba Oro, a quien mencionará más de una vez, con profundo amor.


También reconocido escritor, Pósleman editó 20 libros, cuentos principalmente dirigidos a los jóvenes; pero finalmente se dedicó al dibujo y al collage. "A mí se me dio desde la primaria por el dibujo y la literatura. ¡Éramos 9 hermanos y decían que mi casa era la sucursal de la biblioteca Franklin! En una época me gustaba más escribir, pero hoy ya no me llama. Hay que sentarse a escribir para ser leído... hay libros que no se pueden leer. En agosto de 2015 murió mi pichona, creo que desde 2016 o 2017 no escribo más", cuenta.

Pósleman observando su muestra actual, Tríos, que tiene que ver con San Juan. "Es que yo no soy argentino, ¡soy sanjuanino!", subraya.  (Foto Gentileza Familia Pósleman)


Sus creaciones plásticas -siempre en blanco, gris y negro, principalmente debido a su daltonismo- arrancaron con paisajes, reviviendo aquellos que de pequeño hacía en Barreal, adonde iban de vacaciones a casa de su tío. "El arte es mi motor, desde chico", reconoce el caballero de buen porte, increíble lucidez y claros ojos, que brillan al recordar. "En la escuela Normal Sarmiento, que es donde me recibí de maestro -y donde fue elegido mejor compañero por unanimidad- teníamos una asignatura que se llamaba Escritura y Dibujo. Hoy todo es audiovisual, pero antes era visuaudiomotriz, había que manejar las manos, mucho dibujo. Tenía como profesora a Daría Echagüe de Santibañez... ¡sale en mi diccionario y si sale en un diccionario, por algo debe haber sido! En una banqueta alta ponía una manzana, una botella o cualquier cosa, y nos enseñaba a dibujar, a hacer las sombras... Yo he aprendido en la escuela, y después en la facultad tuve dibujo técnico. Por ahí quise hacer un taller, pero fui a una clase y me volví a casa, no hay caso", relata. "En mi familia había un sentido artístico y un interés, se podría decir. No era una familia rica, en aquella época usábamos guardapolvos largos, que escondían mucha pobreza y remiendos, pero mi madre -Sara- nos alentaba... y acá estoy. Encima mi padre -Emilio- murió cuando yo tenía 6 años. Eran libaneses y vinieron en 1910, en el éxodo grande de ese siglo, con una mano adelante y otra atrás; pero mi padre logró tener un almacén de ramos generales", rememora Elías a sus progenitores, un papá que venía de un patriarcado, que sólo hablaba árabe y del que tiene pocos recuerdos; y una mamá que "se acriolló y fue más argentina que nosotros". "Ella sí me vio dibujar. 'Dele, dele', decía...", acota el incansable artista.


"Ahora me despierto y ya estoy pensando qué voy a hacer. Y de noche hay veces que me quedo pensando... Mis hijos me dicen 'Papá, tenés que dormir'. Y mis nietos, que tienen su dormitorio en casa, ven la luz prendida y 'Nino, duerma'. '¡Vos tenés que dormir!', les digo, porque van a la universidad y al secundario, y tienen clase a las 7, mientras yo ronco", confiesa con picardía.


Con una buena cantidad de exposiciones individuales y colectivas, galardones que nunca buscó y obras que han salido al extranjero, hubo una razón por la cual Elías decidió mostrar sus creaciones, luego que un colega le dijera que ya estaba listo para exponer solo: "¡La audacia!", revela y suelta una sonora risa fresca que resuena en el soleado living comedor, donde también cuelgan sus obras.


"El arte me da felicidad, o es parte de la felicidad, que es como algo inconmensurable...", define Pósleman, a quien un pensamiento lo ronda cada vez que encara una nueva serie: "Francamente me cruza por la mente el tiempo que me queda de vida; no es que sea una obsesión, es saber que uno no es eterno. Yo pensé que iba a estrenar el panteón y al final fue mi pichona, pobrecita... Lo último que dijo fue 'Quién va a cuidar a mi pichón?', que era yo... bueno, a otra cosa", pide y vuelve a refugiarse en los trazos, que ahora dibujan sobre su rostro una tierna sonrisa.