El "fanático de Evita" sabe cómo entretener a su público y entregarle lo que espera: éxtasis folklórico y con aroma a locro. Al menos, las miles de personas que se concentraron ayer en el municipio de 9 Julio para festejar el Día de la Independencia, lo aseveraron con entusiasmo y cabalgaron a su ritmo durante casi 2 horas-. Es que posterior al tradicional desfile estudiantil y pasadas las 16, el Chaqueño Palavecino pisó el escenario montado en la plaza central (frente a la parroquia) y gestó una intermitente tertulia patria -tan sabrosa como el vino y las empanaditas que probó durante el recital-. De riguroso negro y con elegante poncho con flecos y franja roja, el ex chofer de camiones desplegó su artillería sonora con la zamba "Yo soy de allá" y prosiguió con un repertorio minado de tonadas, vals y chacareras. En esa línea telúrica y con las típicas introducciones recitadas de "Pascualito" Recabarren -en este caso un mini tributo a Buenaventura Luna-, se acoplaron "sus amigos" Inti Huama y cantaron a dúo "Vallecito de Huaco", "Cuando el corazón se quiso quedar" y la "Zamba de las tolderías". ¿La reacción de la gente? Puro fervor albiceleste, féminas maduras y juveniles con disfonía de tanto gritar por la fusión -sobre todo por el popular salteño- y sentida atmósfera de felicidad. No era para menos. 9 de julio se transformó en una kermesse vecinal decorada con macro y micro banderas argentinas, lluvia de papelitos, carpas aledañas con gastronomía identitaria, foráneos vestidos de gaucho y a caballo, fuerte operativo de seguridad y gran predisposición a disfrutar de la siesta-folk -cuyo clima soleado fue tan brillante como los anillos de oro del Chaqueño-. Pero como no hay canto Palavecino sin galantería campestre, no faltó el espacio para coquetear con sus "chinitas". "Para que los caballeros les digan a las damas que pueden haber muchas, pero como ellas jamás", dijo entre otros piropos vespertinos y entre "suspiros acorpiñados". Con espíritu de libertad, el cierre de júbilo se prolongó hasta la "nochecita" y resultó -casi- un himno nacional -y fue tan vistoso como la pata de jamón que las autoridades del gobierno le regalaron al cantante-.