Su nombre es reconocido no solo en el teatro regional, es todo un símbolo en la forma de crear y hacer en el país y en Latinoamérica. Arístides Vargas está presente en muchos escenarios y nunca en un solo lugar. Cuando no está dirigiendo una puesta escénica en una ciudad, en otra está dando clases o bien haciendo actividades culturales a distancia para formar a nuevos estudiantes. Este devenir es lo que quizás lo defina como un hombre que le pertenece a todo un continente. Sus obras son representadas por colectivos y grupos de numerosos rincones y recorrió con Malayerba amplias latitudes de la región. En medio de toda esta dinámica de trabajo, sigue manteniendo vínculos con la escena artística mendocina -su origen- y junto al actor Guillermo Troncoso dieron rienda suelta a un proyecto para girar una de sus puestas más conocidas, "De cómo moría y resucitaba Lázaro, el lazarillo," que se estrenará en la Sala TES este fin de semana. A raíz de esta propuesta pensada para todo público y también para dar funciones a instituciones educativas, DIARIO DE CUYO se comunicó con el dramaturgo que actualmente se encuentra en Colombia, donde dicta sus clases de posgrado en Dramaturgia para la Universidad de Medellín. Entre múltiples tareas que aborda cotidianamente, como escribir, educar y dirigir, Vargas se ocupó también de compartir sus reflexiones acerca de ese teatro independiente que caracteriza a Cuyo, el cual él también cultivó desde su juventud de manera ininterrumpida, puesto que muchas de sus creaciones tales como "Donde el viento hace buñuelos" o "Nuestra señora de las nubes", entre otras, son representadas y producidas en la provincia por elencos locales. 

¿Cómo era crear y hacer teatro, antes y en el presente? Vargas afirmó que "el teatro independiente en Cuyo no fue y no es muy diferente a lo que sucede en otros lugares o en otras realidades. Gracias a que tenemos un instituto (el INT) un importante impulsor para producir teatro desde una perspectiva de creadores, de grupos y compañías, es posible hoy hacer un teatro propio en cualquier lugar. Antes, nuestra actividad creadora era más solitaria, se hacía de manera muy aislada. Pero lo diferente es que podés conectarte y moverte tranquilamente para actuar en Buenos Aires o en cualquier otro país. Ya no hay razones que impidan que para hacer teatro tengas que ir siempre a los grandes centros urbanos. Hay muchos mecanismos accesibles para trabajar de manera más intensa, rápida y ágil y entrecruzar nuestras teatralidades. Quiero decir con esto que no es necesario ir a París para convertirse en escritor". 

Para el creador de La Razón Blindada, "el teatro cuyano es un movimiento vigoroso, pero debería tomas más riesgos. Pienso que debe hacer más hincapié en crear con el contexto en el cual se inscribe ese teatro. Eso es no depender tanto de las relaciones con Buenos Aires. Hay que aprender que cada región debe gestionar sus propios dramaturgos, sus directores y su propia teatralidad. Lo que sucede es que Argentina tiene una fuerte estructura colonial en su interior, debe romper con seguir pensando que el centro es lo que define y que se hable más de teatro sanjuanino, puntano o mendocino. Hay que profundizar en lo propio y pertinente en cada lugar". 

En sus obras, siempre está presente un tema común que él define como una "dramaturgia del exilio", puesto que por su experiencia personal, tuvo que huir del país porque era perseguido por la dictadura cívico-militar y en 1977 se radicó en Ecuador por varios años y fundó el grupo teatral Malayerba. Con ese elenco hizo presentaciones en escenarios provinciales tras el retorno a la democracia y los elencos sanjuaninos trabajaron sus textos, pero curiosamente "nunca me tocó dirigir, no tuve la oportunidad de hacerlo. Pero hay tiempo todavía para plantear nuevos proyectos. San Juan tiene especificidades interesantes, aunque de San Luis me llaman mucho para dar talleres y puestas", confesó el escritor, que sin embargo sí pudo presenciar varias puestas en la provincia. "tuve la oportunidad de ver a González Mayo y Rosita Yunes quienes pusieron Donde el viento hace buñuelos y Ana, el mago y el aprendiz, que me parecieron estupendas y me llenó de alegría verlas en vivo". "Mis personajes no tienen territorialidades concretas, por eso los colectivos se apropian de cada obra como si fueran suyas y eso me da alegría", agregó.

Por último expresó que el teatro, como lenguaje, como forma de expresión artística, nunca morirá, en relación con la coexistencia de otras propuestas de la industria del entretenimiento y de la lógica virtual del mundo digital. "Por más que existan múltiples ofertas de plataformas en Internet, el teatro seguirá viviendo siempre. Soportó pestes, guerras y otras calamidades, pero es una expresión arraigada en el pasado, ahí está su fortaleza. Por eso el teatro será una fiesta siempre y cuando no pierda sus componentes esenciales: la presencia de otro ser humano, lo no perfectible, la paradoja entre la vida y la muerte. A todo eso no puede sustituirlo Internet. En el teatro hay mediación para los sentidos, una convivencia del aquí y del ahora", concluyó.

Sobrevivir a un mundo cruel

Con el rol protagónico de Guillermo Troncoso, la dirección actoral de Charo Francés, libreto y dirección de Arístides Vargas, la obra "De cómo moría y resucitaba Lázaro, el lazarillo" plantea una reflexión sobre la miseria y la pobreza encarnada por un niño -inspirado en la novela "El Lazarillo de Tormes"- que es de Matamandingas, junto a otros millones de lazarillos que buscan sobrevivir. Presentado con humor, se develan entre los personajes y sus historias (todas interpretadas por Troncoso) las estrategias de supervivencia ante una sociedad que expulsa, margina y destruye la dignidad humana. La obra subirá a la Sala TeS el próximo 10 de junio, a las 21hs, con entrada a $400.