La comunidad artística local se conmovió ante la lamentable e inesperada noticia de la partida de Lilia Alonso -Lily- quien el sábado por la mañana, a los 57 años, falleció como consecuencia del covid que había obligado su internación hace unos días; y también la de su madre, que murió hace una semana. 

Creativa, inquieta, apasionada y amante del arte en todas sus expresiones -le gustaba la lectura, era cinéfila y melómana-, manejaba muy bien el inglés y no sólo dio clases, sino que eso le permitió trabajar como traductora cuando en los albores de los ’90 se instaló en San Juan una importante maquinaria cinematográfica, para el rodaje de escenas de Highlander 2, protagonizada por Sean Connery y Christopher Lambert. Pero fue sin dudas en el ámbito teatral donde más se destacó Alonso, que también participó en algunas películas y documentales sanjuaninos, como Difunta Correa, de Pepe de la Colina. Junto a Pablo Rodríguez dirigió el grupo El Aljibe y desde hace años estaba al frente de los talleres de teatro para niños, jóvenes y adultos de la Municipalidad de Albardón, de la que también depende el elenco Entretelones que creó y dirigió, y con el que llevó a escena obras como Pretextos para seguir viviendo, Los fantasmas de la Navidad, Cena para uno, El último piso y El sueño de Irina, por citar algunas.

"Maravilloso grupo de actores y actrices que demuestran su arte en la escena’, decía orgullosa refiriéndose a sus discípulos y al elenco vocacional que adoraba, especialmente a los pequeños con quienes disfrutaba de crear e imaginar mundos nuevos. "Aprendo mucho de y con ellos. El teatro es el mejor juego que puede tener un niño’, expresó en diálogo con DIARIO DE CUYO el año pasado.

Detallista, en el teatro fusionó además su gusto y condiciones para las artesanías y las artes plásticas (pasó por la facultad y tenía su propio tallercito) colaborando activamente en el armado de utilerías, vestuarios y escenografías. Si había un estreno, pues seguramente allí estaba Lily, hasta altas horas, fuera pintando un cuadro, cosiendo la funda de un sillón o reciclando un vestido, porque más allá de dirigir a sus actores, era una verdadera artesana del teatro. Y allí, en esa sala de Albardón que fue su última casa artística, es donde también compartió todo lo aprendido en Buenos Aires, Alemania y España, donde vivió varios años y desarrolló su vocación teatral. 

Como dicen en el ambiente artístico, ayer Lily se fue de gira, y desde donde esté seguramente aplaudirá con la misma nobleza y pasión que le puso a su trabajo, la continuidad de lo que supo sembrar en su paso por la vida.