El 10 de agosto del 2006 el Mozarteum nos ofreció un recital de la pianista Julia Bochovskaia que interpretó la versión original (para piano claro!) de ‘Cuadros de una Exposición’ de Moussorsky; y al día siguiente -viernes 11- la Orquesta bajo la batuta de Alexei Izmirlov incluyó en su programa a la versión orquestada por Ravel. Lo normal es escuchar una versión y quedarse sabiendo que existe ‘la otra’ pero escuchar primero una y al día siguiente la ‘transcripta’ me parecía increíble! Y algo parecido volvió a darse en este jueves y viernes últimos. Los cuartetos Razumovsky Op 59 (el Mozarteum nos ofreció el Nº 3) fueron concebidos paralelamente a la Cuarta Sinfonía Op 60 y al 4º Concierto para piano Op 58. Estamos en el mismo ‘momento’ y de nuevo una obra al día después de la otra!! Y resulta interesante comparar como ante la Orquesta, Beethoven se muestra más enérgico y hasta ‘grandioso’ (las obras después de 1802 se adscriben como su período ‘heroico’) y en los Cuartetos muestra su intimidad.

Pasada la famosa 3º Sinfonía llamada ‘Heroica’ y que da nombre al período que le sigue, Beethoven parece volver en su siguiente sinfonía a un tono más ‘clasicista’. Si bien la terminó en 1806, se estrenó al año siguiente en un concierto privado en al palacio del Príncipe Franz Joseph von Lobkowitz junto al Concierto para piano Op 58 y a la Obertura Coriolano Op. 62. Para Robert Schumann la 4º era una ‘delicada joven griega entre dos Gigantes nórdicos’ comparándola con la 3º y la 5º! Para Wagner era ‘música fría’. Para Baremboim es una nueva aproximación a la armonía ya que mientras que las sinfonías ‘clásicas’ seguían un desarrollo ‘previsible’, Beethoven, ya desde el inicio de su primera sinfonía; pero mucho más aquí, cambia lo ‘esperado’ para crear un nueva tensión. El suave y descendente Adagio -pianissimo- en Si bemol va modulando a una ‘inestabilidad’ armónica pero con un ritmo sostenido hasta que al llegar el Allegro estalla la luz. Los toques de flauta anuncian momentos de la 6º. Si Haydn se ‘divertía’ con sus Sinfonías, ésta que es más ‘haydiana’, nos muestra a un Beethoven divertido que juega con las armonías, las síncopas y estallidos de ‘fortísimo’. En el Adagio un suavísimo inicio rítmico de los segundos violines prepara la melodía que es como un canto que se desliza suave pero con subidas y bajadas de intensidad -Beethoven es así- y es una de las escenas más ‘cantabiles’ de sus obras. Alegro Vivace: Bien ‘Allegro’ y bien ‘Vivace’; es en realidad un ‘Scherzo’ enérgico que recuerda a sus primeras dos sinfonías pero más desarrollado. El Trio es un diálogo en el que las maderas y cornos hacen preguntas y los violines responden Allegro ma non troppo: Según Michael Steinberg, usó de modelo a la sinfonía Nº 102 de Haydn, y escuchando ambas la idea no resulta inverosímil. Antes de pasar al ‘Destino’ dramático de la 5¦, Beethoven se divierte en esta 4¦. Coriolano es un personaje legendario del siglo Vº a.C. Era un general Romano que pasa de ser héroe a considerarse traicionado por los suyos y planea una venganza. Sólo la intervención de su madre y de su esposa logran detenerlo. Los poetas romanos Plutarco y Tito Livio narraron la historia que inspiró a Shakespeare y a Bertold Brecht. Pero fue la versión del austríaco Heinrich von Collin (1771-1811) que la estrenó en 1802 usando diversas músicas, la que en 1807 recurrió a Beethoven para que le escribiera una Obertura. Estos ‘héroes complicados’ movilizaban a quien venía de escribir Fidelio y la Heroica. Los cinco golpes iniciales nos presentan el ánimo fuerte del general romano. Pero el Coriolano de von Colllin a diferencia del de Plutarco elige la muerte y los últimos compases suaves con un pizzicato final la sugieren. Cuando Félix Mendelssohn (1809-1847) realizó una gira por Escocia visitó la Gruta de Fingal que es un sistema de cuevas de basalto en el islote de Staffa de 1 km de largo. Las lluvias interminables y las olas movidas por el fuerte viento que al rebotar contra el techo en los arcos produce extraños sonidos motivó a este joven Mendelssohn a esta descripción musical y escribió una obertura de concierto: ‘La Isla solitaria’ Pero no satisfecho a los 19 años esperó algo más y describió su impresión de las olas en 1832. ¡¡Felices 46 años de nuestra orquesta!!, esta vez dirigida repitiendo la misma sinfonía que entonces y a cargo de un discípulo del maestro Jorge Fontenla, pianista y director de la Orquesta de Rio Negro y hace poco elegido por los propios músicos para secundar al Maestro Enrique Diemecke al frente de la Filarmónica de Buenos Aires. ¡¡ Bravo Maestro Fabricio Danei!!