Una comunión. El maestro Siffert con su mirada fija en los bailarines y el coreógrafo, mientras con sus manos conduce a la orquesta.

 

 

"El género más difícil de dirigir para un director de orquesta es el ballet, porque debe entender un idioma que él no habla, porque no es un bailarín. Es fundamental asistir a ensayos, porque debe saber la coreografía, si no, no va a funcionar; debe entender las leyes básicas del clásico y el nombre de los pasos más importantes". Con estas palabras, Emmanuel Siffert se refiere al trabajo como titular de la Orquesta de la UNSJ que, desde la inauguración del Teatro del Bicentenario -octubre de 2016-, dejó de realizar únicamente conciertos sinfónicos en el Auditorio Juan Victoria para abrirse camino en la danza clásica.


¿De qué manera se desmenuza la tarea? ¿Qué se tiene en cuenta? ¿Cómo es la comunión entre los bailarines y los músicos? Desde el foso del Bicentenario, donde ayer los intérpretes llevaron a cabo la primera pasada con presencia de bailarines, previo al debut de la compleja pieza La Bella Durmiente de Tchaikovsky, Siffert explicó el paso a paso de un trabajo que en general comienza 5 meses antes.

"El género más difícil de dirigir para un director de orquesta es el ballet, porque debe entender un idioma que él no habla, porque no es un bailarín".

Emmanuel Siffert.   

"Hay que prepararse. Todo empieza con el diálogo con el pianista, que tiene un rol muy importante; el coreógrafo, en este caso Mario Galizzi; y los bailarines. Luego, hay que estudiar la coreografía y darle su parte a los músicos. Desde que está el Teatro del Bicentenario, lo que hacemos es otra cosa", apunta la batuta de la agrupación considerada una de las mejores para ballet que hay en Argentina, según la reconocida directora y coreógrafa Lidia Segni.


En una función, no hay posibilidad de que el bailarín cometa errores. "Donde se producen cambios es en la energía del movimiento, eso cambia el ritmo, por eso hay que hacer ajustes", agregó Siffert, el suizo radicado en San Juan, que es uno de los nombres más requeridos por el Teatro Colón, donde dirigió la gala de despedida de la eximia Paloma Herrera y tuvo a su cargo la versión de La Bella Durmiente que ahora se pondrá en la provincia, entre su actividad más reciente.

 

En los detalles. Siffert, el pianista Leonardo Marconi y el director Mario Galizzi.

 

"Yo duermo con los pasos", expresa el maestro para remarcar lo exigente de su tarea en un área que "normalmente se hace con pista", mientras marca detalles en La Bella.


"¡Momento!". "¡Otra vez!", dice estricto cuando observa que una bailarina giró en otro tiempo y que la formación debe corregirse para ir a su ritmo, después de un corto cruce de palabras con el coreógrafo. Entonces, retoma para que todo salga con precisión de relojería; o hace un stop con sus manos cuando Galizzi imparte nuevas indicaciones a la compañía; o reemplaza un instrumento con su voz, para que todo fluya armónicamente con un "Papapa papapa...!".

 

Sacando de dudas. La batuta junto a una de los instrumentistas.

 

El pianista Leonardo Marconi, que llegó desde el Teatro Colón como maestro interno de ballet para sumarse a "La Bella...", también está siempre pendiente de lo que señala el director. "Cuando no está la orquesta, hago todo en el piano en la tarea previa para hacer correcciones, para ajustar los tiempos a la coreografía, las necesidades y el montaje de la escena. Cuando ya está la orquesta, hago la asistencia", manifestó.


Asimismo, el concertino de la Sinfónica, Nidhal Jebali, refleja que a veces es necesario que cada responsable de fila entable un trabajo aparte.


Para la violinista Norma Fiumecaldo, el nexo obligatorio de los músicos es el director: "Él debe mirar cuánto dura un salto o el giro de un bailarín y, de acuerdo a eso, rever si tocamos más lento o más rápido al ensayar ya con los bailarines". Además, comenta que el ejercicio individual también es mayor "ya que una sinfonía es de 50 minutos y un ballet se extiende por casi 3 horas"; y que, al tomar cada uno su puesto, lo que primero se efectúa es un "precalentamiento" del cuerpo, moviendo hombros, cabeza, muñecas; y un calentamiento de los instrumentos, especialmente de los vientos más que de la cuerdas.

 

Ejercitando. María José Giménez, de los oboes, con sus movimientos de elongación.

 

María José Giménez es reemplazo del segundo oboe. Éste es su primer ballet y destacó que "da nervios" y "adrenalina" este tipo de espectáculos y que hay que protegerse de las lesiones porque es elemental cuidar el cuerpo.


¿Cuándo es el final del entrenamiento? En el momento que el conductor indica que es suficiente, recién allí, los músicos hacen silencio, repasan sus instrumentos con un paño para guardarlos con extrema delicadeza en su estuche o los tapan con un cobertor para preservarlos de la tierra; hasta que una nueva jornada vuelva a reunirlos.  
 

(creditos foto Mariano Arias)