Un mismo rótulo los identifica en el mundo teatral. Arriesgados, audaces, desafiantes… Llámase como quiera, lo cierto es que Luis Narváez, Javier Cerimedo, Marcelo Villanueva Meyer, Guillermo Kuchen, Janet Andrade, Norma Velardita y Andrea Terranova son actores que se distinguen en los elencos locales, simplemente, por esos personajes que alguna vez interpretaron sobre las tablas y que les exigieron exponerse de un modo que no habían hecho -y que tampoco se había visto- antes. En pocas palabras, se atrevieron a hacer lo que otros no hicieron y ante un público que muchas veces se tilda como conservador. Despojados totalmente de ropa, encarnando algún papel del sexo opuesto o mostrando una sexualidad no asumida, estos 7 artistas sanjuaninos dejaron de lado "el que dirán" y apostaron a su "crecimiento actoral".
"El hecho de decidir hacer un semidesnudo tuvo una gran carga de conflictividad porque no es fácil desprenderse de muchos prejuicios y tabúes que uno tiene", contó Velardita, quien fue parte de (Des)Vestir Santos. Pero más allá de que en el momento de la propuesta sintieron una especie de pudor, ninguno de ellos dudó en aceptar.
"Puse mi cuerpo al servicio del arte", sentenció Kuchen, quien interpretó a Amable Jones en La Causa durante el momento de la autopsia.
"No hubo duda de mi parte, me importó más lo que le podía aportar al personaje", agregó Villanueva respecto a su rol en Fausto, donde quedó totalmente desnudo.
Decir sí a un papel que implica un compromiso extra está muy ligado a quienes llevan el timón en las obras.
"Si tengo un buen director al lado, me animo a hacer cualquier cosa", comentó Narváez, quien, en un lenguaje que raya el grotesco, hizo de mujer en el varieté El Cuyo del Mundo.
"Vivimos en una sociedad muy conservadora donde la gente no ve el espectáculo como una obra de arte. Es que no está acostumbrada a ver ciertas cosas como los desnudos", comentó Terranova, quien hizo dupla con Velardirta. Pero pese a esa realidad que enmarca el teatro local, "no me importó mucho si la cosa se tomaba por el lado morboso. Antes de la obra, pensé en la posibilidad de que a alguien del público le resultara chocante, se parara y se fuera. Pero ese es el problema del otro, no mío", contó convencido Cerimedo.
"Mis hijos me preguntaban si me iba a animar a salir vestido de mujer mientras muchas personas cercanas me recalcaron que tengo una imagen muy seria del otro lado de la vida, como son mis profesiones de médico y profesor. Pero para mí el teatro no es un entretenimiento, es una pasión y lo vivo así. Además tengo mi condición sexual bastante clara, por lo que lo demás no me interesa", confesó Narváez.
Quienes pasaron por esa "prueba de fuego" coinciden en que el momento del debut fue el instante menos complicado de todo lo que podía llegar a implicar la situación. De frente a más de 50 espectadores, las miradas se fijan en el escenario, el relato fluye y la atención se concentra.
"En ese momento sentía que estaba muerto, estaba metido en el personaje a tal punto que me daba lo mismo estar vestido que desnudo", dijo Kuchen.
Tal como coinciden, a estos actores les resultó más arriesgado hacer estos papeles -que en su mayoría eran muy fuertes- por lo que decían o lo que representaban, que por el compromiso físico. En la obra El cuerpo de los expiados, Janet, que es travesti, encarnó al represor Jorge Videla, pero de una manera "retorcida" ya que el guión caracterizaba al político con una sexualidad no asumida.
"No sabía cómo el público tomaría mi actuación porque estaba a la vista que no era un hombre que hacía un papel de mujer ni viceversa. Pero quedó bien definido de que era una travesti", dijo Janet sin pelos en la lengua.

