Apenas habían visto algún redoblante en la cancha o en una manifestación, pero ahora son ellos los que baten el parche. ¡Y cómo! Son los chicos de La murga del Pato, surgida de un proyecto sociocultural que cuenta con asistencia de la Nación y que comenzó en 2012 involucrando a vecinitos de varios barrios rawsinos a partir la apertura a la comunidad del Universitario Rugby Club. Con la conducción del músico Rody Beatrice se formó este grupo de percusión que cuenta con un elenco estable de 15 chicos (número que a veces trepa hasta los 25), de entre 6 y 14 años y en su mayoría varones; quienes desafiando frío y calor, toman clases y ensayan hace algo más de 8 meses. Un joven elenco que de cara al Carnaval de Rawson, el mes próximo, busca convertirse en murga con la incorporación de bailarines y vestuario (las manos hacendosas y las máquinas de coser del barrio ya empezaron a moverse).
"El objetivo es contener a los chicos, porque la música es parte del entretenimiento, pero también transmite saberes para desarrollar la historia de cada uno’, dice Beatrice, quien destaca que el grueso de niños con el que trabaja en este plan -financiado por el Ministerio de Desarrollo Social, que se bajó a través del club con el apoyo de Desarrollo Humano provincial y que se suma al programa de hockey y rugby social que también alberga el club- tuvo casi asistencia perfecta. Tanta fue la motivación que si bien el programa técnicamente llegó a su fin, dentro de unos 10 días -que servirán de receso- volverán a juntarse con su batuta para retomar los ensayos.
"Pasó que de pronto los chicos se juntaban a ensayar más allá de las clases conmigo, ellos encontraron algo en qué ocuparse; y creo que con eso ya ganamos’, contó el músico sobre este grupo que comenzó a reunirse en el Club, aunque en el invierno, el frío, la distancia y la oscuridad hicieron que la plaza del barrio se convirtiera en mejor opción. Pero allí tampoco se daban las condiciones para el aprendizaje de los conceptos más finos; y entonces fue cuando la familia Agüero -tres de cuyos integrantes están en "el Pato’- ofreció su casa del Barrio La Alameda, donde las tardes transcurren en medio música y mates. Allí es donde los chicos continúan aprendiendo a tocar redoblantes, repiques, zurdos, casetas, entre otros instrumentos de percusión con los que ya sacaron ritmos básicos de murga, batucada y samba brasileña, además de hip hop y malambo, en un repertorio que, sin dejar del lado los orígenes, también se preocupa por mostrarles e integrar otras expresiones culturales, cada una con su propia complejidad musical. "Es un prejuicio absurdo y hasta te diría una operación comercial y política decir que sólo les interesa el reggaetón, la cumbia y el cuarteto’, acota Beatrice, que quedó sorprendido con el silencio y la atención que se generaron una vez que les puso, a modo didáctico, un video de Steve Wonder en vivo.
"La murga del Pato’ ya tuvo su primera experiencia en público en el 5to. Congreso Mundial por los Derechos de la Infancia y la Adolescencia, que tuvo lugar el año pasado en la provincia y donde tocaron con la Orquesta Sinfónica Popular ante un numeroso público; una experiencia que quedó marcada en sus corazones. Tanto que cuentan que "el Piqui’ -el más chiquito, de 6 años- la noche anterior casi no pudo pegar un ojo de la ansiedad.
"Lo que más me sorprende de todos ellos es que más allá de su condición sociocultural, tienen una gran necesidad de arte, de poder expresarse y de comunicarse, y lo pueden hacer a través de la música. Y te aseguro dan mucho más de lo que reciben’, concluyó Beatrice, quien desde su "militancia cultural, no partidaria’, como define, da fe de que "el arte tiene un fin social y un poder transformador’.
