Entre lágrimas, gritos, cánticos, aplausos, rosas y pañuelos en alto, una verdadera multitud acompañó ayer los restos de Sandro, que -luego de un responso y en una ceremonia íntima- fueron sepultados en el Gloriam Jardín de Longchamps, en una tumba al lado de la de sus padres (sus adorados Vicente y Tina), alrededor de las 17.30. Como era de esperar teniendo en cuenta las medidas que se habían tomado en el velatorio (prohibiendo el ingreso de cámaras); la policía bonaerense cerró las puertas del cementerio para permitir que el entorno más cercano a Sandro pudiera darle el último adiós.

Alfredo Páez, jefe de custodia de Sandro, comunicó a los periodistas que +Olga quiere poder despedirse en una ceremonia íntima y privada+. Y con algo de enojo, contó que por la mañana de ayer, +la seguridad tuvo que desalojar camarógrafos y fotógrafos que ya se encontraban apostados en el lugar+.

En en interior, según trascendió, y mientras el párroco oraba; en medio de un profundo silencio y muestras de dolor, familiares, amigos y allegados arrojaban flores sobre el féretro del cantante, fallecido a los 64 años el lunes pasado, en el Hospital Italiano de Mendoza, donde había recibido el doble transplante de corazón y pulmón.

Previo a la llegada al camposanto del cortejo -que partió del lugar del velatorio, el Congreso de la Nación, a las 12.30; y arribó a la morada final a las 16.50 de ayer- la comitiva presidida por una autobomba con sirena encendida y flanqueada por patrulleros y policía motorizada, hizo una pasada por la casona de Banfield, adonde arribaron a las 15.15. Allí otra enorme cantidad de gente (medios nacionales consignabas más de 5 mil personas) esperaba saludarlo y en el breve lapso que el coche fúnebre se detuvo frente a los inmensos paredones de la mansión -esa que cobijó el encuentro entre El hombre de la rosa y sus +nenas+ durante tantos cumpleaños del ídolo y que ellas prometieron seguir visitando- el público no se privó de vivarlo y de tirarle rosas. Tanto era el fervor que fue imposible cumplir la voluntad familiar de mantener un minuto de silencio en las puertas de la vivienda, donde disfrutó de esa privacidad que supo mantener a lo largo de su vida.

El público también acompañó el paso de la caravana por la avenida Hipólito Yrigoyen (a la altura de Lomas de Zamora, Temperley y Turdera). Y esa procesión a pie se abigarró aún más en la zona de la rotonda El Vapor de Burzaco. Personas de a pie y autos estacionados con las puertas y ventanas abiertas dejando escuchar canciones del ídolo fueron parte de la escenografía que inundó el sur del conurbano bonaerense, donde muchos se manifestaron orgullosos de recibir el cuerpo del artista que, una vez más -ahora post mortem- volvió a dar muestras de su enorme popularidad.

Si bien hubo algún desorden comprensible -a la salida del Congreso, por ejemplo, el cortejo (que incluía coches que transportaban el centenar de coronas recibidas) debió detener su marcha porque los fanáticos se abalanzaron sobre el vehículo- todo el ritual se llevó a cabo con respeto y sin registrar mayores incidentes.

Sin una cifra oficial, se calcula que entre 45 y 60 mil admiradores pasaron por el Salón de los Pasos Perdidos; y según Crónica, unas 100 mil siguieron el cortejo para dar su último adiós a Sandro de América.