Rachel Barton Pine es un nombre que no olvidarán quienes asistan a la 3ra función de Mozarteum, el próximo jueves. Tenía 3 años cuando rogó a sus padres tener un violín, con 4 ya dejaba boquiabiertos a quienes alcanzaba con su música y en el jardín de infantes se presentaba como "Rachel violinista’. Niña prodigio, desarrolló su talento con un interés: que la música clásica sea accesible para todos; cruzada que la ha puesto al frente de una fundación y de clases magistrales por los más remotos rincones de la tierra. Por esas cuerdas suena la carrera de Barton Pine, que se ha plantado en prestigiosos escenarios clásicos y ha compartido su arte con figuras del rock, sobre todo heavy metal. Fanática del speed y el trash, asegura que su fusión con la música clásica -‘que puede ser tan emocionante como cualquier otra música’- le ha permitido introducir la "magnificencia de metal pesado en mis admiradores clásicos y viceversa’.
"Casi todas las clases de música folclórica o popular han sido incorporadas al clásico, no así el heavy metal’, sostiene la intérprete que a sus 17 años se convirtió en la más joven y la primera norteamericana en ganar la medalla de oro en la Competencia Internacional Bach de Leipzig, Alemania.
Pero no sólo su talento es una motivación, sino también su fortaleza, que la hizo superar aquel terrible accidente de 1995, cuando un tren cerró las puertas sobre su estuche de violín mientras descendía y la arrastró 60 metros. Así Rachel -que vino de luna de miel a Argentina y en 2011 fue mamá de Sylvia- perdió la mitad de su pierna izquierda. Pero lo que para cualquiera pudo haber significado el final, para ella fue otro desafío tras una niñez marcada por las carencias. "Yo sólo tenía que aferrarme a la esperanza y seguir practicando y haciendo mi mejor esfuerzo y creyendo que todo funcionaría aún cuando no podía ver cómo’, sostuvo, tan aferrada a la fe como a su violín.

