Dicen los que saben que Va pensiero -el coro de esclavos del tercer acto, que dura algo menos de 5 minutos- no sólo es ‘la más famosa pieza coral de la ópera italiana, universalmente conocida’, sino que también es una de los más bellos del género. ‘¡Vuela pensamiento, con alas doradas, pósate en las praderas y en las cimas donde exhala su suave fragancia el dulce aire de la tierra natal! ¡Saluda las orillas del Jordán y las destruidas torres de Sion! ¡Oh, mi patria, tan bella y perdida! ¡Oh, recuerdo tan querido y fatal!’, eriza la piel la primera parte, que los sanjuaninos podrán disfrutar, una vez más o tal vez por primera vez, en forma completa. La oportunidad será mañana, cuando suba a escena Nabucco, de Giuseppe Verdi, que la Fundación Ópera de San Juan -que dirige Ricardo Elizondo- presentará en el Auditorio Juan Victoria, con el aclamado Enrique Gibert Mella en el rol principal.

‘Estamos muy contentos, se ha ensamblado muy bien y la orquesta está muy bien, el coro también, el sonido es bueno y la obra nunca deja de ser deslumbrante’, comentó en diálogo con DIARIO DE CUYO el barítono, quien también destacó que esta obra es además ‘el inicio de Verdi en el mundo de la ópera y es una revolución en la ópera italiana. Es su tercera ópera, pero las otras dos no fueron muy significativas’. Tragedia en cuatro actos, con libreto de Temístocle Solera, llegó a manos del compositor cuando él atravesaba un momento profesional y personal difícil: ‘Un giorno di regno’, había sido un fracaso, decepción a la que se sumaron las sucesivas muertes de su esposa y sus dos hijos; escenario que había sumido al artista italiano en una profunda depresión. Fue en medio de esa profunda pena, cuando prácticamente había decidió retirarse, que llegó este encargo para la Cuaresma de 1842.

La acción transcurre en Jerusalén y Babilonia en el año 587 a.C. En síntesis, el rey Nabucco (Nabucodonosor), ‘tras conquistar al pueblo hebreo, se proclama Dios. Pero el destino, como venganza a tal osadía, lo convierte a la locura. Durante su enfermedad es su déspota hija Abigaille quien ocupa su trono. Tras regresar de la locura, se convierte al judaísmo y decide reconquistar su trono, devolviéndole al pueblo su libertad’.

El estreno coincidió con un momento político especial en Italia. El pueblo -que padecía la ocupación austríaca- se identificó con la obra. Se cuenta que el día del estreno en el teatro Alla Scala, las paredes temblaron de la ovación, sobre todo en Va pensiero, que se convirtió en el ‘himno’ de la resistencia italiana, que, burlando los controles, pintaba paredes con la frase ‘¡Viva Verdi!’, apellido que esgrimió como sigla de Vittorio Emanuele Re d’Italia.

Así las cosas, el estreno de Nabucco marcó un antes y un después, en la vida de del compositor y en la del género. Es que más allá de la historia, siempre jugosa, que la rodea; lo musical supuso también un quiebre.

‘Se produjo una verdadera revolución. Como si la efervescencia política de la época fuera poco, Nabucco fue un descubrimiento musical, una evolución hacia el romanticismo. Lo que tiene de particular es que es un lenguaje que llegó a la población; recordemos que la ópera era un género popular. Gustó inmediatamente a la multitud. Lo importante fueron las formas musicales, muy de avanzada, todo un cambio. Para decirlo fácil, fue la potencia, un desborde expresivo, Verdi se acerca al realismo e hizo una composición imponente, hasta el día de hoy. Está llena de valores expresivos, estéticos y artísticos’, explicó Gibert Mella; para quien ‘es un privilegio cantar esta obra, que además es sumamente difícil’. Según el cantante lírico -uno de los más destacados de Sudamérica, nominado como mejor cantante argentino por la Asociación Críticos Musicales Argentinos- es una pieza muy demandante, que exige muchísimo a nivel vocal y a la musicalidad, ‘como todas las obras de ese período’.

Ese mismo nivel de gratificación siente cuando piensa en este rey, en cuya piel se pondrá una vez más. ‘Nabucco sería el malo, pero tiene un momento en que se vuelve loco por un designio de Dios y ahí se convierte en un ser humano que llora, que sufre, llora por su hijo, tiene miedo, pese a ser un guerrero devastador. Cuando pierde la razón se humaniza… Es, con Rigoletto -de otra época- uno de mis personajes favoritos’, sostiene Gibert Mella, para quien esta es una de las piezas ideales para quienes comienzan a asistir a la ópera.

‘Justamente Nabucco es una de las ideales para alguien que vio ópera y para quien no vio nunca, porque puede entenderla tanto musical como vocal y artísticamente. No hace falta una trayectoria previa. Es ideal para acercarse al género, porque son melodías muy lindas. Cada frase melódicamente es hermosa, así como cuando escuchás lo mejor de los Beatles o una tonada muy hermosa… no hay diferencia, es música tomada en gran medida de lo popular y realizada con gran belleza’, agregó Gibert Mella, que compartirá escena con Mariela Schemper (Abigaille), Maximiliano Michailovsky (Zacaria), Ricardo Elizondo (Ismaele), Romina Pedrozo (Fenena), Pablo Guardia (Sumo Sacerdote), Adrian Gatica (Abdallo) e Iliana López (Anna).