FOTOS MARCOS URISA

La antigua casa en la que Domingo Faustino Sarmiento nació, se crió y ejerció la gobernación de la provincia, es todo un símbolo patrimonial y de identidad cultural. Su madre Paula Albarracín comenzó a construirla en 1801y hoy es uno de los edificios más antiguos que está en pie en la ciudad, sobreviviendo milagrosamente a los terremotos. Para evitar el continuo deterioro, la dirección del Museo Nacional lleva a cabo un plan de cuidado intensivo y sostenido a largo plazo, junto al Ministerio de Cultura de la Nación, con la intervención de la Dirección Nacional de Museos y la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos. Desde fines del año pasado hay una puesta en valor de la carpintería de la casa. Este proceso comprende trabajos de conservación, recuperación y restauración de las aberturas de madera y sus herrajes, que son hoy considerados como objetos museológicos de valor patrimonial, histórico y testimonial del siglo XIX. El museo recibió la capacitación y asesoramiento de la arquitecta María Elena Mazzantini, especialista en la materia y DIARIO DE CUYO contó en enero pasado cómo se inició el desmontaje y el despintado manual de las 46 puertas y ventanas de interior y exterior de todo el edificio, cuyas maderas crudas están actualmente al descubierto. Silvina Vázquez, directora del museo, explicó a este medio que está planificada la segunda etapa: en diciembre comenzarán las operaciones de restauración y reparación. 

Cateo de colores. Las maderas están expuestas y se evidencia 11 niveles de capas de pintura con dos siglos de intervenciones anteriores.

"Este edificio tiene más de 200 años, nuestra obligación es mantenerlo en pie y legarlo a las futuras generaciones en las mejores condiciones posibles. Por eso, es importante esta puesta en valor de todos los elementos de carpintería que cuenta el museo", dijo la funcionaria y remarcó que "estamos en un punto crucial de este proyecto que acompañará por mucho tiempo la historia del museo de ahora en adelante". 

En términos museológicos, cada puerta y ventana cuenta su propia historia. Por tal motivo, la puesta en valor -de carácter inédito para el museo- tiene tres ejes centrales: la conservación, la restauración y la comunicación. "Nosotros estamos dialogando todo el tiempo con los objetos. Esta interacción la ponemos para que el público, mediante cuadros de información y charlas, conozca la historia que hay en cada elemento. Queremos que la casa hable por sí sola", manifestó Vázquez. En este sentido, se incorporará el próximo año un sistema de información de cada ambiente y elemento, incluyendo ahora las puertas y ventanas, con el código QR para que el público pueda interactuar con un celular o tablet.

Alcayatas y otros herrajes. En las ventanas y puertas se conservan piezas únicas de hierro fundido. Tienen un valor artesanal incalculable.

Para la restauración -que se realizará en los terrenos del museo y que llevará como mínimo un año- se abordará múltiples criterios a cargo de equipos interdisciplinarios locales y nacionales. A sí mismo, será instrumentada por carpinteros especializados que los organismos nacionales involucrados contratarán oportunamente. El objetivo central es que las aberturas conserven su estado original, al igual que su funcionalidad. Sin embargo, no está tomada la decisión por el momento de cómo quedarían finalmente pintadas, si con el color originario o bien quedarían sin pintar para que los detalles de la madera autóctona estén a la vista. Esta decisión debe ser consensuada entre la dirección del museo, el equipo de conservación y restauración, (de la DNM que depende del Ministerio de Cultura de la Nación) y de la Comisión Nacional de Monumentos Históricos. 

Testigos de otra época. Las puertas de quicio son las más antiguas que hay en la casa natal y las primeras en montarse, en 1801.

Las primeras en recibir tratamiento serán las 10 más antiguas. Las conocidas puertas de quicio, únicas que quedan en pie. Gracias a la revisión del acta de sucesión de la familia Sarmiento de 1866, se conoce en detalle la división de bienes entre Domingo Faustino y sus hermanas Paula, Bienvenida, Rosario y Procesa, luego de fallecer los padres. En el texto se escribió minuciosamente las características y el color de puertas y ventanas. Esa información fue clave para los equipos de conservación. El arquitecto Eduardo Portillo es el responsable de museografía y del equipo de conservación y mantenimiento de la casa natal que participa en este plan. Según su criterio, afirmó que "el estado de deterioro de las puertas, ventanas y herrajes es un tema gravitante. Esta casa es testigo de la historia, no solo porque la habitó la familia Sarmiento, sino porque es la huella de una época al tratarse del único edificio que queda en pie en la ciudad de la época colonial", opinó. En la investigación, pudo detectar la presencia de una diversa familia de maderas, pero las principales y más nobles son álamo, algarrobo y roble. 

La directora Vázquez concluyó en una reflexión final sobre la importancia institucional de todo este plan de conservación: "Contamos con presupuesto, contamos con infraestructura y apoyo institucional de Nación. Pero lo trascendental es que contamos con la fuerza que tiene esta casa que resiste toda adversidad. Como la tuvieron Doña Paula y Don Clemente en vida, gracias a ellos esta casa tiene vida propia". Para el museo, las puertas y ventanas de la casa son mucho más que bienes patrimoniales, son vistas como un nexo o portal, que conectan el pasado con el presente.